jueves, 12 de septiembre de 2013

As Influências Estéticas da Dramaturgia Negra no Brasil - Prof. Dr.Julio Moracen

El diccionario de mi vida. FRASES INTANGIBLES


“QUE BOLÁ ASERE”

Significado : Como estas, como te va la vida (saludo o pregunta, exclamación o indagación, etc, etc , mas o menos ( ± ) hasta el infinito…

QUE: Introduce una explicación o una aclaración y ± hasta el infinito…

BOLÁ: Cosa, algo intangible (¿?) Ej: una bola (balón de futbol), una bolá (mariguana), volá (¿que vuela?) ± hasta el infinito…

ASERE: Relacionado a persona, humano, es pronunciación; en la escrita se puede escribir también acere o azere (amigo, ambia, chama, socito) ± hasta el infinito…

La frase puede ser combinada, EJ:

QUE BOLÁ ASERE

o

ASERE QUE BOLÁ

La frase puede ser también recombinada, EJ:

ASERE QUE BOLÁ, QUE BOLÓN, QUE VUELTA (± cubaneo)

En fin

Para entender la BOLÁ, hay que ser cubano, viajar a Cuba varias veces o repetir la misma frase ± hasta el infinito...

MORACEN/2013

miércoles, 28 de noviembre de 2012

miércoles, 3 de agosto de 2011

SUPERFINOS NEGROS



…nos hemos reunido y hemos decidido
no tocar mas rumba





Free Hole Negro video

ONU Reconoce lucha de Cuba contra el racismo

ONU Reconoce lucha de Cuba contra el racismo? (PL, La Habana, junio 17, 2011)

Organismos de Naciones Unidas reconocieron hoy aquí los avances en la lucha contra la discriminación racial en Cuba, gracias a una política estatal dirigida a beneficiar a todos los sectores de la sociedad.

El representante auxiliar del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Rolando García, subrayó que los logros del país constituyen un ejemplo para el mundo y actualmente marcha a la cabeza en América Latina en igualdad de oportunidades a sus ciudadanos.

Estos avances se corresponden con las políticas de participación ciudadana e incluyentes promovidas por la dirección de la nación avocada ahora a consolidar ese propósito, dijo García, quien participa en el Seminario Cuba y los pueblos afrodescendientes en América.

En el caso de Cuba, podemos decir que resolvió los principales problemas de discriminación, y logró incorporar en gran medida a los afrodescendientes a la sociedad, señaló García en la sede del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello de esta capital.

Juan José Ortiz, representante en Cuba del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, destacó que de los miles de niños afrodescendientes en la región afectados por la pobreza y todos sus efectos secundarios, ninguno es cubano, gracias a la voluntad política del gobierno.

Subrayó que Cuba y Noruega son los países con más baja mortalidad infantil en el mundo, pero es impresionante, dijo el funcionario, que la mayor de las Antillas logró estos resultados sin contar con el desarrollo y las riquezas de ese país europeo.

La coordinadora residente del Sistema de Naciones Unidas aquí Bárbara Pesce, dijo que Cuba es un ejemplo de lucha en materia de discriminación racial.



TROPICAL

E L I O
R O D R I G U E Z

Ciudad Habana, Cuba, 1966.

http://www.machoenterprise.com/

CUBA: DOCE DIFICULTADES PARA ENFRENTAR AL (NEO)RACISMO O DOCE RAZONES PARA ABRIR EL (OTRO) DEBATE/ROBERTO ZURBANO



(En 1812 se sucede el horrible asesinato de José Antonio Aponte, considerado el primer cubano en revelarse contra el gobierno colonial español. En 1912 ocurrió la matanza de centenares, quizás miles, de militantes del Partido Independiente de Color y…nos estamos acercando al 2012. El doce es un número que tiene otras cábalas en la historia cubana, pero yo quiero, con este texto de 12 cuartillas, exorcizar los malos augurios que señalan al 2012, también, como un año fatal para los negros cubanos y esta es, ni visionaria ni apocalíptica, mi propuesta revolucionaria).


En Cuba, para cualquier afrodescendiente, afrocubano o negro cubano – confieso que tales definiciones las trato con toda relatividad y pertinencia- es una gran oportunidad participar del proyecto de la Revolución, cuyas virtudes mayores han sido, por una parte, su radicalidad al lado de los pobres de la tierra y, por la otra, su paternalismo con tales sujetos. Paradojas como estas se encuentran en el largo camino andado por una Revolución que signa cuatro generaciones, donde el debate sobre las problemáticas raciales se asume desde posiciones vergonzantes, desde espacios muy cerrados, marcados por una timidez dialógica y propositiva, junto a la falta de perspectivas políticas que adviertan su peligrosa futuridad; situación poco propicia para socializar las investigaciones, discusiones y conocimiento acumulado en las últimas décadas por un grupo de especialistas, líderes sociales y pensadores con vocación política que no han podido hacer públicas sus propuestas de trabajo y sus experiencias comunitarias, pedagógicas o comunicacionales, ni siquiera pensar en su posible sistematización.

Me permito apuntar dos cuestiones de principios en este análisis.

Primero: Asumo que estas discusiones expresan la urgente necesidad de nuestras comunidades negras y de una buena parte de la población, así como una nueva etapa –menos indiferente, aunque aun poco receptiva- de las instituciones sociales y políticas cubanas que deben pronunciarse y enfrentar las problemáticas raciales heredadas y producidas por nuestro proyecto social revolucionario. Este principio no debe convertir el debate racial en rehén del diferendo Cuba-Estados Unidos; no lo digo subestimando tal diferendo, sino para que no se sobredimensione el mismo en nuestro debate. Esta tendencia, muy marcada en los últimos tiempos, no suele abordar profundamente las similitudes y diferencias de una relación de larga data entre negros norteamericanos y cubanos.

Segundo: Rechazo la idea de que el espacio de la cultura es insuficiente para discutir y resolver tales problemáticas; con tal presupuesto se disolvió el Proyecto Color Cubano y su pliego de demandas elaborado, durante largo tiempo en varios espacios participativos de la Isla que fueron desde varios proyectos comunitarios y culturales hasta una Comisión de Trabajo en el Comité Central del PCC. Tal idea, hija de una burocracia en mutación, es una visión reductora de la cultura que desconoce la fuerza del campo cultural como el espacio más significativo donde se dirimen las grandes batallas ideológicas, económicas y políticas de hoy. Y, a su vez, denota una falta de reconocimiento a esta vanguardia intelectual que desde finales de los años noventa discutió con fuerza –incluso en presencia de Fidel Castro- varios temas críticos, en especial el modo en que nuevas formas del racismo se venían registrando en la sociedad cubana de aquel momento.

La necesidad más urgente de debatir este tema, no sólo en La Habana, sino en toda la Isla, será una manera de responder al creciente malestar de comunidades y personalidades negras, mestizas y blancas que no hallan cómo encauzar sus preocupaciones; igualmente, es un buen modo de reconocer las distintas maneras en que se vienen construyendo, resintiendo y dislocando las miradas políticas de recientes organizaciones ciudadanas que tratan el tema desde varios enfoques políticos y proyecciones sociales.

Ser negro en Cuba brinda la oportunidad de asumir una tremenda herencia histórica y cultural que debe replantearse todos los días, defenderla a cada hora y reivindicarla a cada minuto, porque hay también toda una herencia colonial y racista que ha venido acompañando, más bien dominando y vigilando la primera. No entender cómo se expresa hoy esta dualidad histórica, ni asumirla críticamente, es la primera dificultad que ha tenido el negro para ser un ciudadano pleno. Esta persona a quien la Revolución abre todas sus puertas y no se da cuenta por qué se le cierran algunas, ni llega –la mayoría de las veces- a ocupar ese lugar merecido en la sociedad, a pesar de tanto esfuerzo personal, familiar y social.

Las causas de esas razones duermen en la etapa pre-revolucionaria; pocos autores nuestros revelaron esa culpa de quienes heredaron la colonialidad del poder y del saber en nuestra sociedad: aquellos blancos cubanos productores y herederos del poder y de una ideología colonial que aún sobrevive o reaparece en determinados espacios, artífices de una hegemonía que la Revolución heredó sin autocriticarse, tal y como pedían los luchadores antirracistas Juan René Betancourt y Walterio Carbonell. Dicha autocrítica, ausente durante décadas, sigue ocultando otra culpa más reciente, de los años sesenta, que es no haber dado a los negros aquel segundo empujón emancipatorio que sí tuvieron otros sectores como las mujeres o los campesinos.

La segunda dificultad parte de esa propia culpa: es el silencio, la falta de debate social y también de espacios institucionales donde describir, discutir, enjuiciar y castigar cada acto racista inconsciente o no, institucional o no, que sufre cualquier negra o negro cubanos cada tres minutos en las calles, los centros de trabajo y estudio, los medios de difusión masiva, las esquinas del barrio, las discusiones familiares y hasta en la cama. Es cierto que faltan otras muchas discusiones en la sociedad cubana, pero ninguna como esta ausencia ha deteriorado más la credibilidad del proyecto social ante una mayoría negra que hizo y hace de la Revolución su conquista, su espacio de realización y su horizonte utópico.

Nuestra tercera dificultad está en no tener instituciones sociales propias, donde los negros reconstruyan y compartan sus particulares historias, y legitimen tradiciones, como suele ocurrir, por ejemplo, en algunas de las sociedades de origen hispano que abundan en Cuba. No creo que estas sean el modelo adecuado, pero pienso en una propuesta que mezcle la antigua Sociedad de Color y la Sociedad de Estudios Afrocubanos; la primera sólo para las llamadas personas de color y la segunda fundada por Fernando Ortíz en 1936, con un carácter más abierto, indagador y participativo, pues ambas fueron puntuales foros de preocupaciones sociales sobre los problemas raciales en Cuba. Luego, desde tales espacios, elevar esa autoestima pisoteada con frecuencia, desarrollar investigaciones, defender proyectos individuales y grupales, fomentar liderazgos, empoderar comunidades, proteger a los más vulnerables, contar con su propia revista o boletín y trabajar por sí mismas y junto al Estado en la realización plena de sus miembros.

No se trata de aislarse del conjunto de la sociedad, ni construir un ghetto para nuestras libertades cívicas, sino un lugar desde el cual refrendarlas, un foro de escucha e intercambio permanente sobre la vida cotidiana del negro en Cuba, donde tome cuerpo un objetivo social que no está definido en algún otro espacio de la sociedad civil cubana. Si dichas instituciones son necesarias o no para una sociedad como la nuestra eso lo dirá el modo en que ellas logren llenar un vacío ideológico y social que hoy erosiona y atrasa nuestra población negra, detenida entre el silencio, la falta de reconocimiento, la escasa promoción social, así como las nuevas formas de discriminación racial. Urge encontrar espacio, definición y proyección de lo que ya podría identificarse como un movimiento de lucha contra el racismo en Cuba, quizás la solución esté –más allá del propio de los negros- en hallar un espacio para una nueva organización de la sociedad civil cubana que acoja este creciente movimiento antirracista.

Llamo neo-racismo a un fenómeno que integra gestos, frases, chistes, críticas y comentarios devaluadores de la condición racial (negra) de personas, grupos, proyectos, obras o instituciones. No se trata de simples gestos u opiniones personales marcadas por el prejuicio racial, sino de conductas que ejercen tal prejuicio sin miramientos y se producen hoy en espacios públicos institucionales o no –incluyendo los medios de difusión y la publicidad- que resultan lesivas y humillantes para aquellos a quienes se dirige, aunque algunos les aceptan acrítica o irremediablemente. Se suman a esto ciertas prohibiciones burocráticas, limitaciones administrativas y exigencias policiales que, injustificadamente, colocan a las personas negras en desagradables situaciones por su evidente o velado matiz racista; dichas situaciones aunque no siempre resulten denunciadas, publicadas o criticadas por aquel que las sufre, forman parte de un creciente y cotidiano anecdotario que suele atravesar todas las generaciones, profesiones y sexos de estas personas, generalmente de tez muy oscura, haciendo un énfasis mayor entre los jóvenes, pero también entre mujeres y ancianos.

Dichas manifestaciones neo-racistas vienen expresándose, desde mediados de los años ochenta, con cierta impunidad a través de chistes, comentarios, declaraciones e imágenes publicitarias; pero también de modo muy sutil en la presencia excesiva de personas negras en barrios marginales, en cárceles, en trabajos manuales y mal renumerados y otro “oficios” de dudosa reputación social, contrastando con la escandalosa ausencias de personas negras en importantes sectores de la sociedad, que van desde los medios masivos, pasando por los esplendorosos espacios turísticos y del mercado en divisas hasta las altas esferas del Estado. No se trata de un fenómeno que irrumpe con la crisis económica y la caída del campo socialista; creo que el neo-racismo adquiere en los años noventa una velocidad, visibilidad y mutaciones muy significativas, pero germinó en etapas anteriores al llamado Periodo Especial.
Y ¿quiénes son los nuevos racistas? Suelen ser personas blancas, pero también mestizos –y en menor medida, negros- que asumen posiciones ideológicas y culturales marcadas por un núcleo eurocéntrico, prepotente y prejuicioso, privilegiado social o económicamente por algún tipo de poder o legitimaciones simbólicas del mismo. Una buena parte de las reacciones de muchos negros con respecto a los actos racistas que se ejercen contra ellos, suelen señalarse como racismo al revés que pueden llegar, en situaciones extremas, a respuestas violentas; sin embargo, esa compleja respuesta reactiva es otro fenómeno cuyo análisis valdría la pena hacer en otro texto donde se explique la incapacidad de ser racista sin una relación de poder, carencia característica de esa masa negra que suele discriminarse. Por supuesto, las excepciones de esta regla pueden explicarse a través de dicha relación de poder.

Estas nuevas formas de racismo deben ser descritas, corroboradas y evaluadas desde enfoques y metodologías diversas que nos permitan re-conocerlas. El rechazo a la teoría como instrumento necesario en las prácticas políticas de los movimientos negros es una cuarta dificultad, pues su ausencia nos incapacita para responder con eficiencia y profundidad ante los grandes retos históricos, políticos y conceptuales que aparecen en el camino de nuestra lucha cada día. Una buena parte de la teoría que se ha ocupado de profundizar en la epistemología, estructuras y categorías históricas, antropológicas, sociológicas y políticas de y sobre el sujeto negro, se han venido generando en los sucesivos enfoques aportados por los indistintamente llamados estudios de raza, negros, africanos, culturales, postcoloniales, subalternos y decoloniales. Asumir estos y otros abordajes permitirá contrarrestar la escasez, ausencia, desactualización y/o rechazo a la teoría que suele abundar, incluso, entre académicos de la isla. Concientizar esta necesidad permitirá avanzar, más adelante, hacia los imprescindibles enfoques trans e interdisciplinarios que estas problemáticas demandan. Lamentablemente, hoy se pretende paliar la colonización del pensamiento con cierto academicismo de moda que, más que acompañarnos, secuestra y entorpece la mirada antirracista, atiborrándola de metodologías asépticas, incansables debates terminológicos y enfoques desconectados de los sujetos, las realidades y los conflictos sociales.

Tendencias como las afro-reparaciones, por ejemplo, son muy difíciles de instrumentar en un contexto que niega o desconoce el horrible daño que nuestros antepasados sufrieron desde su salida de África y nos fueron legando en el curso de la Colonia y la República. Ese daño no ha desaparecido aun, hay secuelas muy contemporáneas silenciadas entre la impunidad, el silencio y la irresponsabilidad actuales. Tal vez, por dicha razón, es usual encontrar ciertas “restauraciones” historicistas en el campo de la Academia y del Turismo, para sólo poner dos ejemplos, que reproducen una mirada colonial en la Cuba de hoy y siguen desvirtuando la presencia, las contribuciones y hasta el rol de muchas personalidades negras, en el patrimonio nacional y en la herencia política que configura nuestro actual discurso revolucionario.

Es menester reivindicar una historia y un pensamiento propios de alta elaboración, que no es usual encontrar en las bibliografías sobre el tema, pero que existe, y es un formidable instrumento de lucha. Si contamos con ese legado de nuestros mejores pensadores, teorías y conceptualizaciones históricas y contemporáneas, debemos hacer un esfuerzo para sistematizarlas y discutirlas, insertadas en los debates científicos y políticos actuales, activando así las condiciones propositivas de este conocimiento. Finalmente, junto a la necesidad de indagar en la historia propia, es necesario defender el activismo social y político que algunos académicos y científicos sociales ejercen, estimulando que acerquen teorías y conceptos al terreno de los debates y propuestas del movimiento antirracista.

También debo señalar autocríticamente -y es la quinta dificultad- que ha faltado la necesaria conciencia racial para exigir nuestros derechos y cumplir nuestros deberes. La conciencia racial ha sido un importante componente de la conciencia social de un país mezclado a la fuerza –no olvidarlo- y es la raíz que dignifica un color de la piel, una religión o una cultura que fue y –a ratos- sigue siendo devaluada, aunque el mercado cínicamente juegue a una hipócrita aceptación de sus códigos. El origen étnico o la nacionalidad de muchos padres o abuelos alcanza hoy un matiz tan pragmático que cuando se habla de conciencia racial hay un oportunista rechazo a su significado político; olvidando, entonces, a José Antonio Aponte, Antonio Maceo, Juan Gualberto Gómez, Quintín Banderas, Jesús Menéndez, Nicolás Guillen y Walterio Carbonell, pero también a Benkos Biohó, Zumbí, Patricio Lumumba, Malcom X o Nelson Mandela.

Cuando hablo de comunidades negras, aclaro, no me refiero a una comunidad pura y exclusivamente de sujetos negros; sino de negros, mestizos y también blancos -pobres o no, marginados o no- que comparten por elección o sin ella, el destino de una cultura, una herencia y un espacio de mayoría negra; este es un concepto operativo e inclusivo que en este documento prefiero utilizar para marcar los espacios y grupos sociales donde el elemento cuantitativo dominante son los negros y sus preocupaciones actuales. En tales comunidades, en términos cualitativamente crecientes, se vienen generando y sistematizando opiniones, preocupaciones, análisis y propuestas sobre las problemáticas raciales que viven los sujetos que actualmente comparten dichos espacios. Allí se intercambian, en el plano cotidiano y en el plano institucional, evidencias de las diferencias y los conflictos raciales en el ámbito de lo familiar, lo laboral, lo religioso, lo barrial y otras redes culturales y políticas, formales e informales, que conectan dichas comunidades con otras y con la sociedad toda.

En este mundo globalizado desde hace medio milenio, los negros somos un sujeto transnacional que compartimos historias, dolores, culturas y sueños semejantes en cualquier esquina del mundo. De manera que, a mi juicio, y más allá del criterio de Du Bois sobre la doble conciencia del negro, creo que compartimos una conciencia triple: la racial, por supuesto; la conciencia de la nación a la cual pertenecemos, pero también una conciencia transnacional que ha estado emergiendo en las últimas décadas como conciencia de lucha, una conciencia descolonizadora, compartida con los otros condenados de la tierra, como nos enseñó Franz Fanon, para alcanzar un presente de vindicación y de igualdad.

Y esa triple conciencia nace en similares realidades marginadas de comunidades enteras que comparan sus necesidades materiales, políticas y espirituales como sujetos herederos del dolor ancestral de aquel afrodescendiente esclavizado o colonizado y entre quienes esta no es una conciencia de gabinete, lista para conmemoraciones y manipulaciones políticas; sino una conciencia crítica, autocrítica, creadora, pedagógica en el sentido más diverso y no en el sentido de ilustración; una conciencia luchando por un espacio en el que quepa la crítica a los gobiernos, a las instituciones, a los medios masivos, al conservadurismo, al individualismo feroz, a los racismos y discriminaciones de todo tipo y que nos permita crear espacios de opinión y de demandas, de empoderamiento y de dignificación, de modelos culturales y de acciones afirmativas.

Hay una sexta dificultad que constituye otro espacio falto de autocrítica: Es el daño que causa, al interior del propio grupo de personas que luchan contra el racismo, las visiones machistas; esa visión estrecha de la masculinidad, demasiado tradicional y conservadora, que regatea el lugar conquistado por la mujer, subvalorando desde su presencia hasta su imprescindible aporte político y organizativo, así como su capacidad de negociación. Particularmente en el caso de la mujer negra se subestiman sus históricas tácticas de sobrevivencia, resistencia y formas del diálogo. Es una muy especial alianza estratégica la que corresponde a hombres y mujeres negros; igualmente es importante reconocer en los homosexuales negros –gays y lesbianas- una potente fuerza antidiscriminatoria que debemos aprender a comprender y acompañar. Este machismo constituye una repudiable práctica que reproduce, al interior de la familia y las comunidades negras, la dominación colonial, además de deteriorar la unidad, la autoestima, la memoria y la futuridad de proyectos colectivos en el orden cultural, social y político.

La pobreza de las comunidades negras suele ser una de las expresiones más contundentes de la asimetría estructural que caracterizan las sociedades caribeñas y latinoamericanas, donde la pobreza y otras desigualdades también tienen color. En nuestros barrios pobres o marginales, la mayoría sigue siendo negra y mestiza. Este es un mundo que apenas conoce la acumulación de capitales y mucho menos la disposición de estos a circular entre personas, organizaciones, proyectos o comunidades negras. No existe patrimonio material heredado ni capacidad económica autónoma y tampoco es fácil encontrar fondos, préstamos, becas, ayudas, patrocinios u otros modos de financiamiento no estatal, especialmente en este momento de la economía cubana en que el mercado laboral se reajusta y amplia en el sector privado. Entonces, apuntemos la escasez de recursos, iniciativas, planificación y entrenamiento en la búsqueda de fondos como la séptima dificultad del movimiento antirracista; teniendo en cuenta que esta lucha es vista muchas veces como agresiva y/o como innecesaria, los fondos posibles tienden a rebajar el filo crítico de nuestra lucha, inducidos por los intereses más “humanitarios”, “universales” o filantrópicos del escaso capital que suele encontrarse para potenciar las comunidades, movilizar ideas y desarrollar proyectos propios.

En el siglo XX resultó muy difícil que la imagen del negro en el cine y la televisión fuera descolonizada y vindicados sus más altos valores –más allá de la música, la danza y la esclavitud. Los imaginarios populares expandidos por la televisión reafirman la condición subalterna del sujeto y las culturas negras. Aun en Cuba y otros países de nuestra región donde es significativo el por ciento de población negra, los paradigmas suelen estar más cerca del modelo eurocéntrico, llegando incluso a revelarse singulares casos de readaptación de esos modelos eurocentristas a los códigos locales. Por esta razón el acceso de nuestras ideas, figuras y culturas al espacio mediático es la octava dificultad en esta lucha antirracista; pues ese espacio legitima, reproduce y actualiza una sutil estrategia colonial, asistida de los últimos recursos de las ciencias de la comunicación, las artes del espectáculo y los presupuestos ideológicos del pensamiento económico neoliberal.
Por otra parte la fuerza de la prensa escrita, la radio –en especial las de corte comunitario- y los sitios web, blogs y publicaciones digitales ponen otras fuerzas en juego en la producción e intercambio informativos, por la velocidad que imprimen a las noticias, a las discusiones y al modo en que articulan comunidades alejadas geográficas y conceptualmente con intereses comunes y desde enfoques diversos. La presencia de modelos, historias, representatividad, proyectos e intereses de las comunidades negras en pantallas de cine, TV y video alcanzan una enorme refracción en los imaginarios y proyecciones futuras de quienes les observan, ejerciendo un gran impacto sobre el receptor negro que, al identificarse con tales imágenes, las convierte en proyecciones utópicas con potencialidades de aprendizaje y transformación de dicho sujeto y su entorno.

La novena dificultad es el desamparo legal e institucional en que viven nuestras comunidades: se necesita, pues, establecer, claramente, las bases legales de la lucha contra el racismo; es decir, la libertad de quejarse y demandar contra un acto racista ante una institución al efecto, la necesidad de leyes adecuadas, la tranquilidad de que no queden impunes los actos racistas, la discusión pública que inhibe y educa, y que fortalece la dignidad de todos. Es también otra propuesta con mucha resistencia, pero los ejemplos de Brasil, Sudáfrica, Colombia y otras acciones legales pequeñas, pero decisivas, hacen pensar que algo se logra con tales vindicaciones ciudadanas.
Es un lugar común referirse a la educación como uno de los ámbitos más importantes para establecer los puntos de partida actuales y futuros en la lucha contra la discriminación racial, toda vez que este sentido común parte de un reconocimiento del saber, la escuela, la historia y los maestros como los principales elementos para la formación de valores. Sin embargo, a la hora de introducir y sistematizar datos significativos que les permita a los niños y adolescentes reconocerse en una historia común, no se insiste suficientemente en las particulares historias raciales y étnicas que también nos configuran. Pero lo cierto es que el modelo de ilustración de la Modernidad ha capitalizado la educación en nuestros países caribeños y latinoamericanos, convirtiéndole en mera acumulación de datos que cuesta mucho articular orgánicamente a las diversas culturas y a las cambiantes realidades de hoy.
Esta situación se convierte en la décima dificultad de nuestra lucha; cargamos con un modelo educacional entrampado por políticas demasiado pragmáticas y exclusivistas que no tienen en cuenta propuestas de trasformación como la educación popular, la etnoeducación, la enseñanza de lenguas autóctonas, la inserción de las historias de África y de la diáspora negra, etc.; sin hablar de algunas acciones afirmativas que se han logrado en algunos países en el campo de la educación; incluso en la educación superior, nivel más difícil por la concentración de muchos intereses de la economía neoliberal. Las políticas educacionales deben ser más receptivas de estas necesidades culturales y políticas y reivindicar saberes ancestrales y nuevos saberes, juntar visiones patrimoniales y visiones renovadoras, así como transformar no sólo el currículo, sino también a los educadores y al entorno cultural y político que siempre, aunque falte conciencia, rodean a las escuelas.

¿Cómo lograr estas acciones? En primer lugar alejándonos de las trampas retóricas y de la solidaridad virtual, así como de los cerrados espacios académicos en que siempre nos encontramos cuarenta y cuatro personas repitiéndonos los mismos argumentos, sin establecer contactos reales con la Realidad y su redundante miseria. Es la undécima dificultad ante la cual no hay estrategia posible, porque es un tramposo juego de palabras. Y no vale la pena un solo congreso o reunión más sobre el tema si no comprometemos nuestra ética intelectual y política acercándonos a esas zonas oscuras donde el dolor no se apaga: allí existen otras leyes, otros discursos generalmente incómodos e inseguros, pero quizás también desesperados y desorganizados, entre los cuales están naciendo nuevas formas de crítica y de lucha que hasta hoy nos hemos negado a reconocer, financiar o involucrarnos desde un activismo menos verbal y más riesgoso.

Solo el terror a la verdad, el conservadurismo más egoísta, la pose academicista, la conmiseración de clase media o la falta de voluntad política podrán impedir que comencemos a cambiar el escenario de nuestros eventos y los argumentos de nuestras tesis de laboratorio. Obviar dichas dificultades nos hace sentir desvergonzadamente cómodos detrás de estos textos, convertidos en boletos de avión, buffets de ocasión y –peor aun- en un nuevo mercado donde seguimos vendiendo a nuestros hermanos como esclavos de la desesperanza. Entonces, ¿no estaremos reconstruyendo, aquí y ahora, otro mercado de Zanzíbar? Enfrentar esta pregunta es pensar en la necesidad de articular viejas y nuevas agendas de acciones comunes, inclusivas, transversales y transnacionales; la ausencia, escasez o fragmentación de tales agendas es, a mi juicio, la decimosegunda dificultad.

La existencia de agendas internacionales sobre los temas raciales desde 1998, hasta dedicar en el 2011 un Año Internacional a los Afrodescendientes, habla de diversos espacios internacionales de consenso político que compulsa a los gobiernos nacionales a sistematizar este tema entre sus principales objetivos, pero –a mi juicio- son los debates nacionales, con los gobiernos o sin ellos, donde más aportes se han generado –al menos en nuestra región- a la visibilidad y organización de nuestra lucha. Nace un nuevo activismo social y político que ha desatado, también aquí en Cuba, la conciencia y capacidad organizativa de líderes y organizaciones comunitarias, femeninas, fraternales, religiosas y culturales que vienen trabajando estos asuntos con mucha responsabilidad. Allí donde han existido líderes, comunidades y organizaciones con capacidad aglutinadora, negociadora y propositiva se han logrado pasos importantes convertidos después en leyes, apoyos y otras importantes vindicaciones ciudadanas y políticas como exhiben Brasil, Colombia, Uruguay, Venezuela y Ecuador.

En Cuba, donde ha crecido y se ha diversificado el debate interno, no tenemos una mirada homogénea sobre las problemáticas raciales, la presencia, cuantía y calidades del racismo y sus posibles soluciones. Fuera de Cuba, las aproximaciones a estas realidades dentro de la isla, tampoco lo son; mucho menos cuando se intentan aplicar fórceps conceptuales y políticos a nuestras problemáticas raciales que ignoran o subestiman la historia, el contexto actual y el debate interno. Pero ello no constituyen dificultades para enfrentar y enriquecer el debate, sino posibilidades que deben abrirse al intercambio dentro de Cuba y también fuera, donde lo importante serán las ideas que se crucen y discutan, intercambiando conceptos y propuestas que ofrezcan mayor visibilidad, conciencia y soluciones a una problemática que es la vez nacional y transnacional, como ya he apuntado.

Falta al interior de Cuba un foro que nos permita abrir y sistematizar más de un espacio de discusión científico, intelectual, político y/o comunitarios, cuyos objetivos sean esclarecer, educar, proponer y resolver tales conflictos en cada uno de estos niveles y hacia la sociedad toda. Se trata de pensar de una buena vez a la Nación, desde un proyecto más inclusivo y emancipatorio y no desde las reducciones, exclusiones y aplazamientos que los ciudadanos negros –parte imprescindible de esta nación- han tenido que sufrir y esperar históricamente. La Revolución, sus instituciones políticas y sociales, la sociedad civil cubana y cada uno de nuestros ciudadanos tenemos hoy ese gran reto y esa gran oportunidad. Sobran razones que nos exigen, aquí y ahora, conciencia, propuestas y modos de transformación de esta opresión ciudadana en modelos de plenitud y dignificación de cada persona dentro y fuera de Cuba.

Más allá de la resistencia e intermitencias con que personas, organizaciones civiles y estatales cubanas nos hemos ido incorporando a la dinámica de estas agendas, foros, acuerdos y debates regionales e internacionales en el Caribe y la América Latina, todavía somos inconscientes de que muchos líderes, comunidades, organizaciones y países de la región esperan de los aportes cubanos a esta batalla. Urge abrir el debate cubano en nuestros principales organismos e instituciones, así como a la mayor cantidad posible de espacios –dentro y fuera de Cuba-, aumentando la calidad, participación y responsabilidad en tales discusiones y propuestas de trabajo.
A pesar de la escasa información sobre la lucha contra el racismo en el continente, es evidente que esta aporta una dinámica singular a los movimientos sociales de la región y a la renovación del proyecto socialista cubano, en términos más particulares. Y aunque evaluemos a los movimientos negros regionales como organizaciones y foros aun llenos de aspiraciones, fragmentaciones y metas por cumplir, esta lucha continental nos ha legado importantes experiencias, contribuciones y victorias políticas que podemos compartir, intercambiar y legitimar en un frente transnacional contra lo que aquí he denominado neo- racismo, cuyas mutaciones no logran ocultar ni su cuerpo colonial ni su discurso imperial ante una Revolución que, entre ganancias y errores, sigue apostando por un sujeto emancipador que construya y dignifique todas las ciudadanías del presente y el futuro de la Nación.

Callejón de Hamell, Centro Habana. En Junio y 2011.
Roberto Zurbano. Ensayista y Crítico Cultural

Cofradía de la Negritud





PROPUESTA DE la Cofradía de la Negritud: Tareas y acciones dirigidas a obtener resultados progresivos y objetivos en la eliminación de las manifestaciones de discriminación racial exitentes en la sociedad cubana, así como en la reducción de la desigualdad racial fortalecida en los últimos años

Que el Parlamento cubano organice y lleve a cabo durante la próxima Legislatura una audiencia parlamentaria donde se analicen las manifestaciones de racismo y/o discriminación racial existentes en nuestra sociedad.

1.Que la comisión permanente del Parlamento cubano que corresponda presente durante la próxima Legislatura un dictamen sobre la existencia de manifestaciones de racismo y/o discriminación racial en Cuba.

2.Establecer el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial cubano, inspirado en la entidad de igual nombre de la Organización de las Naciones Unidas.

3.Establecer una Comisión Nacional que atienda y coordine la aplicación de la política del Estado cubano sobre la cuestión racial, y que responda por ello.

4.Introducir en el sistema educacional, con un enfoque científico y multidisciplinario, los cambios apropiados en los diferentes niveles que permitan a los educandos una efectiva formación de valores, que considere aspectos éticos, históricos, axiológicos, etc., de modo que se fortalezcan en ellos los valores de igualdad y humanismo y se restrinjan las expresiones de actitudes discriminatorias y hostiles contra otras personas.

5. Incorporar en los planes de estudio de los diferentes niveles de enseñanza el tratamiento apropiado de los aportes realizados por los negros africanos y sus descendientes al progreso económico del país, a la forja de la nacionalidad cubana y a la configuración de la identidad del pueblo cubano.

6. Establecer en el corto plazo nuevas vías apropiadas que permitan el acceso proporcional de personas de familias pobres a los centros estudiantiles de excelencia, así como a las carreras universitarias que no existen en las sedes municipales y donde se forman intelectuales, ingenieros, diplomáticos, científicos, etc.

7. Mejorar las condiciones y calidad de los procesos docente-educativo y formativo, así como las condiciones materiales en las escuelas con una elevada proporción de alumnos pertenecientes a familias pobres; en particular, en las escuelas de oficios, y propiciar una mejor atención social y comunitaria a esos centros.

8. Crear en zonas habitadas mayoritariamente por familias pobres casas de estudio que aseguren las condiciones apropiadas para la preparación individual de los estudiantes interesados que carecen de tales condiciones en sus hogares.

9.Establecer de manera apropiada medidas prácticas basadas en principios de acción afirmativa, particularmente en las esferas educacional y laboral.

10. Incluir en el plan de construcción de viviendas contemplado en el programa presupuestario de cada año una proporción apropiada de las mismas destinada al mejoramiento de las condiciones habitacionales de familias que viven en albergues, ciudadelas, barrios marginales, etc.

11. Poner en práctica programas realizables y controlables de medidas emergentes, dirigidas a atenuar o eliminar en plazos apropiados las penurias de diferente tipo que padecen las familias que viven en condiciones de miseria o de acentuada pobreza.

12.Establecer, en el corto plazo, mecanismos efectivos de control y supervisión que impidan que las bolsas de empleo y agencias empleadoras, que determinan el acceso de trabajadores a puestos de trabajo en tiendas recaudadoras de divisas, el turismo, las firmas y corporaciones, continúen mostrándose como instrumentos de políticas discriminatorias de la población negra y mestiza.

13.Eliminar en las convocatorias de empleo y de formación profesional cualquier requisito referido al color de la piel o a la presencia física de las personas aspirantes.

14. Promover el tratamiento apropiado de las temáticas raciales en los medios de difusión masiva, con enfoque científico y multidisciplinario, que considere los diversos aspectos de la cuestión racial y que propicie el debate constructivo en los distintos espacios de opinión existentes y por crear.

15.Que las organizaciones que realizan labor ideológica con su membresía y entre la población incorporen entre los fines de aquella el tratamiento apropiado de la cuestión racial.

16.Impulsar la puesta en práctica de medidas que permitan, apropiadamente, la presencia proporcional y efectiva de personas negras y mestizas en los medios artísticos, particularmente en la televisión, el cine y el ballet.
17.Establecer alternativas apropiadas al uso exclusivo de los exámenes de ingreso para acceder a los distintos tipos de enseñanza.

18.Asegurar que la actuación preventiva de la policía no continúe dando la impresión de que procede por estereotipos fundados en el color de la piel de las personas, ni que existe un trato diferenciado a la ciudadanía por esa razón

19.Reconocer el derecho a la existencia legal de organizaciones sociales y comunitarias que se propongan contribuir a los esfuerzos de la nación dirigidos a eliminar el racismo, la discriminación y la desigualdad raciales.

20.Propiciar, debidamente, la prestación de atención sistemática por parte de las entidades sociales y comunitarias a la situación de la población penal, en coordinación con las autoridades responsables.

21.Considerar en los controles demográficos y estadísticos pertinentes, la información sobre el color de la piel de las personas a que se refieren tales controles.

22.Asegurar la prestación de una atención diferenciada a las provincias del país, que permita de manera efectiva, acortar las desigualdades de diverso carácter existentes entre las más adelantadas y las más atrasadas; esta actitud debe estar expresada en los lineamientos y cifras de cada año.

23.No considerar más la cuestión racial como un tema tabú y promover el tratamiento constructivo de la misma por parte de los diversos actores sociales.
24.Diseñar una nueva política racial que tome en cuenta los avatares del devenir histórico del problema racial, fundamentada científicamente y que pueda ser puente seguro hacia la integración y dignificación plenas de los cubanos y cubanas.

25.Poner en práctica mecanismos y procedimientos adecuados que permitan mejorar las posibilidades económicas de familias pobres a partir de la iniciativa y capacidad que tengan para ello.

26.Que las instituciones que estudian la vida y el legado de José Martí promuevan entre la población cubana un mejor estudio y conocimiento de las ideas del Apóstol sobre la cuestión racial en nuestro país.

27.Que las entidades que se ocupan del estudio de la vida y el legado de Antonio Maceo promuevan en la población cubana un mayor estudio y mejor conocimiento de las ideas del Titán de Bronce sobre la cuestión racial en nuestro país.
28.Favorecer el desarrollo de relaciones de diverso tipo con los países africanos y de la diáspora africana, particularmente en la variante pueblo a pueblo, en correspondencia con las posibilidades reales.

29.Otorgar a Mariana Grajales Coello la condición honorífica de Madre de la Patria, como merecido reconocimiento a su singular actitud fundacional, y como símbolo de la contribución de las mujeres cubanas, en particular de las madres, a la formación del elevado espíritu patriótico del pueblo cubano.

30.Promover la realización de investigaciones científicas y sociológicas sobre aspectos relacionados con la temática racial, garantizando a la vez que sus resultados se socialicen adecuadamente e instrumenten en la política del Estado al respecto.

31.Proporcionar una efectiva atención social y comunitaria a los contingentes de trabajadores que laboran permanentemente fuera de sus provincias, en coordinación con los organismos a los que pertenecen, de manera que se propicie el crecimiento ciudadano de esos trabajadores.

32.Promover la realización de eventos de reflexión, en los lugares apropiados para hacerlo, sobre las ideas expresadas por el Presidente cubano en torno a la cuestión racial en el libro “Cien Horas con Fidel”.

33.Establecer que en las estructuras provinciales exista un funcionario o cuadro con la preparación requerida que tenga la responsabilidad de atender la puesta en práctica en su provincia de la política nacional sobre la cuestión racial.

34.Permitir la creación de espacios religiosos en los que se puedan institucionalizar los sistemas religiosos de raíces africanas que decidan hacerlo.
35.Fomentar la venta de productos y servicios para los cuidados de belleza que tomen en cuenta las especificidades físicas de la población negra y mestiza.

36.Establecer medidas que propicien una mayor satisfacción de los requerimientos nutricionales específicos de los niños menores de las familias con ingresos claramente insuficientes.

37.Fomentar la reedición de obras de los principales exponentes del pensamiento antirracista cubano, así como de autores que hayan expresado de manera relevante el ideario y los valores de la negritud cubana.
38.Propiciar que el debate de la cuestión racial sea incorporado apropiadamente en los procesos de discusión de los eventos cimeros de las organizaciones políticas y de masas.

39.Incorporar el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial al programa nacional de conmemoraciones de cada año.

40.Asegurar que la atención social y comunitaria sea más eficiente en propiciar mejores posibilidades para el cuidado de la condición ciudadana de las personas de la tercera edad, particularmente, en las familias pobres.

41.Que la Federación de Mujeres Cubanas incorpore a su discurso y a su accionar antidiscriminatorios en atención al género, el tratamiento consecuente a la cuestión de la discriminación que sufren las mujeres no blancas en diversas esferas debido a su condición racial.

42. Que la Central de Trabajadores de Cuba incorpore a su discurso y accionar la atención apropiada a la cuestión de la discriminación de trabajadores y trabajadoras no blancos en algunos sectores de la actividad laboral.

43.Que la Federación Estudiantil Universitaria incorpore a su discurso y quehacer la atención requerida por la cuestión racial, en particular, a la insuficiente presencia de no blancos en diversas carreras y áreas de la actividad universitaria.
44.Ponderar en las políticas del país la concepción de que el respeto consecuente de la diversidad puede ser una vía apropiada para fomentar la unidad nacional.

45.Propiciar, en semejanza de oportunidades, la vigencia y desarrollo de las manifestaciones culturales a través de las cuales los afrodescendientes expresan su espiritualidad y sus maneras de aprehender la realidad.

46.Establecer vías y medidas apropiadas, en el corto plazo, que posibiliten limitar de manera efectiva la expresión de las desigualdades de diverso tipo existentes hoy en las actitudes conductuales de las jóvenes generaciones de cubanos y cubanas.
Establecer como objetivo social prioritario de las políticas del país la promoción del principio de igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos y ciudadanas de manera real y efectiva

47.La Cofradía de la Negritud considera que esta propuesta puede ser una contribución útil.

jueves, 20 de agosto de 2009

Cofradía de la Negritud

Carta de Presentación.


Amigo(a) lector(a):

Por medio de la presente le estamos informando sobre la existencia en nuestro país de la Cofradía de la Negritud, que es un proyecto ciudadano de muy reciente concreción, dedicado al activismo social, y cuyos propósitos principales son los siguientes:
a) Trabajar para lograr que el Estado y la Sociedad Civil cubanos adquieran plena conciencia del creciente proceso de agravamiento de la desigualdad racial que está teniendo lugar en nuestro país, para que, en consecuencia, le presten la pronta y efectiva atención que esta situación requiere.
b) Laborar para propiciar la promoción y el fomento de la iniciativa y el esfuerzo propios de la población negra en aras de impulsar su avance real y sostenido en todos los campos de la vida material y de la vida espiritual de la sociedad cubana.
c) Trabajar para asegurar la prestación de una efectiva atención a la defensa del respeto de los derechos de todo tipo de la población negra cubana.
La Cofradía de la Negritud (CONEG) comenzó a gestarse a partir de que algunos negros cubanos coincidimos en una serie de apreciaciones sobre la situación actual de la población negra cubana; las principales de tales apreciaciones fueron las siguientes:
1-La noble aspiración de muchos de los mejores cubanos de ayer y de hoy, de que en nuestra patria el respeto a la plenitud de la dignidad humana, y de los derechos inherentes a la misma, no estuviera limitado por el color de la piel de las personas, está todavía distante de haber sido alcanzada. Esa aspiración se expresa en la letra y el espíritu de textos legales y en el discurso oficial, pero frecuentemente no se pone de manifiesto en diferentes hechos prácticos de la realidad cubana.
2-Durante los años de periodo especial adquirieron relevancia y se hicieron más marcadas las diferencias en el poder adquisitivo y en el nivel de vida de la población cubana, en la cual existen hoy grupos extremos de personas y familias pudientes y no pudientes, económicamente hablando. Pero esta polarización de carácter económico tiene un fuerte componente racial: el primer grupo extremo señalado- no tan poco numeroso como algunos pueden pensar-está formado abrumadoramente por personas no negras, y se encuentran allí, a manera de ejemplos, los propietarios de autos y camiones de transporte de pasajeros y los ejecutivos y funcionarios de corporaciones y firmas; mientras que el otro grupo extremo apuntado –muy numeroso ciertamente- está constituido en muy elevada proporción por personas negras, y se hallan en él, a modo de ejemplos, los trabajadores auxiliares de los servicios y los trabajadores poco calificados de la construcción. Resulta entonces, como un rasgo importante de este proceso, que la desventaja históricamente acumulada de la población negra en relación con el resto de la población cubana se ha hecho sensiblemente mayor durante estos años de crisis, con respecto a la anterior década, lo cual se expresa en la vida cotidiana de la gente común y en la vida social del país.
3-El propio proceso referido arriba, con sus serias implicaciones sociales, y la escasez de acciones tendientes a aliviar sus efectos, junto con la probable actividad oportunista de gente interesada, conducen a propiciar que en los años por venir la cuestión de la desigualdad racial en nuestro país pueda llegar a alcanzar un nivel crítico.
4-Los señalamientos críticos realizados en la década pasada por altos responsables del país en relación con determinadas manifestaciones de desigualdad racial presentes entonces en la vida nacional no se tradujeron en un programa de acciones consistentes y sistemáticas que lograran disminuir efectivamente las prácticas excluyentes a nivel de la gente común, lo cual hace evidente la realidad de que comenzar a andar con seguridad el camino de la solución de esta cuestión requiere mucho más que decisiones personales de cualquier carácter.
Las mismas personas que coincidimos en las apreciaciones antes señaladas nos unimos también en la consideración de que no habrá posibilidad de que pueda afirmarse la existencia de un proceso de real y efectiva disminución de la desigualdad racial en nuestro país, con carácter irreversible, si los negros cubanos no se organizan y se unen para trabajar por lograr ese propósito tan justo y humano. Por ello, para ser consecuentes con esas ideas que nos eran comunes, dimos vida a la Cofradía de la Negritud (CONEG).
Los negros cubanos hemos perdido demasiado tiempo, pues no aprovechamos apropiadamente las oportunidades históricas que brindó el triunfo revolucionario de enero del 59 para lograr avances fundamentales y definitivos en la eliminación de la desigualdad racial; no nos organizamos y unimos en torno a ese propósito, ni fuimos convocados para ello, lo cual sí sucedió con las mujeres cubanas – el otro gran grupo social discriminado en la sociedad cubana de entonces - las que luchando organizadas y unidas, y contando con el apoyo del Estado y de toda la sociedad han alcanzado avances enormes en la reducción progresiva de la desigualdad por sexo. Por otra parte, los creyentes, también luchando organizados y unidos, y contando con apoyo interno y externo, han alcanzado irreversibles avances en la eliminación de la desigualdad por ideas religiosas. Los negros, sin embargo, nos pusimos a esperar a que otros hicieran lo que a nosotros mismos correspondía hacer, y por eso tenemos, como elemento de la realidad actual de nuestro país, la persistencia de los mismos prejuicios raciales de antes, que constituyen el soporte ideológico de esta desigualdad racial que se expresa por doquier. No obstante, los cofrades iniciadores estamos convencidos de que, tal como sentencia el conocido refrán, “más vale tarde que nunca”.
Es necesario dejar claro que los iniciadores de la Cofradía de la Negritud estamos plenamente conscientes de lo mucho que ha hecho la Revolución Cubana por eliminar la desigualdad racial en nuestro país, sin embargo, la realidad expresa que es muy grande el trecho que aún queda por andar, pues los fundamentos del problema no han cambiado esencialmente. Reconocemos que en Cuba hay una serie de condiciones objetivas y subjetivas, que son parte esencial de la inmensa obra levantada por todo nuestro pueblo, las que por su profundo contenido humanista y de justicia social constituyen una base sólida que puede favorecer el desarrollo exitoso de la lucha que ahora comenzamos y en la cual esperamos contar con la comprensión, la solidaridad y la buena voluntad de la mayoría de los cubanos de cualquier color de piel. Estas son las razones fundamentales que animan a la Cofradía de la Negritud, que desde ya se coloca en la primera fila de esta lucha contra la desigualdad racial, los prejuicios raciales y sus secuelas seculares.
La Cofradía de la Negritud (CONEG) será una organización numéricamente pequeña, que aspira a estar representada en todas las provincias, y que se plantea lograr favorecer al más amplio espectro de la población negra a partir de la actividad multifacética de sus miembros, los cofrades, que han de ser personas con las condiciones requeridas para asegurar el cumplimiento de los propósitos fundamentales de la organización.
Al asumir la responsabilidad de poner en marcha la Cofradía de la Negritud hemos tenido en cuenta el hecho de que hay muchas personas comunes de la población negra que han conocido de alguna persona negra que fue relegada en su cierto derecho, o que fue desatendida en su legitima aspiración, o que han estado ellas mismas en algunas de esas situaciones debido al color de su piel. También hemos considerado el hecho de que hay muchas personas negras que tienen que encontrarse cotidianamente con alguno de los muchos rostros de la desigualdad racial. Pues bien, con la mayoría de todas esas personas contamos para darle fuerza y vitalidad a la Cofradía de la Negritud, para lograr que tenga clara voz y definida personalidad en el contexto de la realidad cubana actual y por venir.
A continuación le presentamos algunos de los principales postulados que sostiene este proyecto:
a) No podrá haber un avance fundamental y definitivo en la reducción de la desigualdad racial si no se promueve una conciencia nacional al respecto, mediante las correspondientes acciones de diversa índole dirigidas contra los prejuicios raciales presentes en una parte considerable de la población cubana.
b) No podrá haber un avance importante y sostenido en el aminoramiento progresivo de la desigualdad racial si no se pone en ejecución una política social que tenga en consideración la desventaja históricamente acumulada de la población negra y que se exprese con acciones concretas apropiadas.
c) La disminución efectiva y progresiva de la desigualdad racial en nuestro país dará más plenitud a la dignidad humana de las personas negras cubanas, lo cual significará también dar más plenitud a la condición humana de todos los cubanos.
Algunas de las otras líneas de trabajo que se propone desarrollar la Cofradía de la Negritud son:
1) Procurar el desarrollo de relaciones con personas y entidades nacionales y foráneas que puedan apoyar sinceramente los esfuerzos de la organización.
2) Propiciar el acercamiento a otras organizaciones representativas de la población negra que pueda haber en el país y en el extranjero.
3) Promover el rescate y fomento de valores dentro de la familia negra cubana.
4) Promover la elevación del nivel de autoestima de la población negra cubana.
5) Promover una mayor atención comunitaria a la muy numerosa población penal negra cubana.
6) Promover el conocimiento, respeto y cultivo de las diversas manifestaciones culturales de la población negra cubana.
7) Resaltar la vida y obra de personalidades negras y propiciar una mayor influencia de las mismas en la población cubana.
8) Apoyar el cultivo y realización del verdadero talento en adolecentes y jóvenes de familias negras en situación precaria.
9) Promover el rescate y conservación de la memoria histórica de los negros cubanos, procurando la profundización en la interpretación y valoración de las circunstancias y consecuencias de sus hechos y acciones.
10) Promover la puesta en marcha de un programa nacional de acción efectiva y sostenida para frenar y reducir la marginalidad, en el plazo más breve acorde con las reales posibilidades del país.
La figura histórica emblemática de la Cofradía de la Negritud es el patriota Juan Gualberto Gómez, quien siendo descendiente directo de esclavos llegó a ser el representante personal de José Martí en Cuba. El lema de la Cofradía de la Negritud es ¡Ayudémonos y seremos ayudados!, de clara referencia bíblica y que expresa la determinación y el optimismo que nos animan.
Ahora, algunas precisiones importantes: la Cofradía de la Negritud es un proyecto ciudadano de activismo social que es contrario a la animadversión entre personas por razón del color de la piel y promueve la fraternidad entre ellas. Por otra parte, la CONEG considera que la actividad política le es ajena en un sentido estricto, pero, al propio tiempo, está consciente de la complejidad e implicaciones de la iniciativa que se propone llevar adelante, lo cual pudiera, circunstancialmente, hacer parecer que alguna de sus acciones se acerca al terreno político.
Finalmente, una cuestión de procedimiento. Los propósitos de la Cofradía de la Negritud, en nuestra opinión, no transgreden ningún precepto legal y, por ello, aspira a tener existencia lícita en nuestro país, lo cual implica un proceso que tiene entre sus pasos la presentación de listas de apoyo con una determinada cantidad de firmas. Si usted, amigo(a) lector(a), cualquiera que sea el color de su piel, considera que este proyecto que le hemos presentado tiene razones válidas para existir; si usted entiende que puede ser útil en nuestra sociedad, incorpórese a la lista que en algún momento pueda serle presentada por alguno de nuestros activistas y muestre así su apoyo a la legitimación de la Cofradía de la Negritud. Ahora bien, si usted admite como propios los propósitos y postulados de este proyecto, si acepta conscientemente las responsabilidades propias de la condición de cofrade, le invitamos a que solicite su incorporación a la Cofradía de la Negritud; de ser aceptado (a) entonces estaremos juntos en alguno de los muchos caminos de nuestra justa lucha.

Le estamos cordialmente agradecidos por la amable atención que nos ha dispensado.


Ing. Norberto Mesa Carbonell
La Lisa, julio de 1998.
Primer cofrade.

Tato Quiñones
Cofrade

Tomás Fernández Robaina
Cofrade

jueves, 22 de enero de 2009

Discurso de la toma de posesión de Barack Obama

Compatriotas:
Me encuentro hoy aquí con humildad ante la tarea que enfrentamos, agradecido por la confianza que me ha sido otorgada, consciente de los sacrificios de nuestros antepasados. Agradezco al presidente Bush su servicio a nuestra nación, así como la generosidad y cooperación que ha demostrado a lo largo de esta transición.
Ya son cuarenta y cuatro los norteamericanos que han hecho el juramento presidencial. Estas palabras han sido pronunciadas durante mareas de prosperidad y aguas tranquilas de la paz. Y, sin embargo, a veces el juramento se hace en medio de nubarrones y furiosas tormentas. En estos momentos, Estados Unidos se ha mantenido no sólo por la pericia o visión de los altos cargos, sino porque nosotros, el pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros documentos fundacionales.
Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de norteamericanos.
Que estamos en medio de una crisis es algo muy asumido. Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio. Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era.
Se han perdido casas y empleos y se han cerrado empresas. Nuestro sistema de salud es caro; nuestras escuelas han fallado a demasiados; y cada día aporta nuevas pruebas de que la manera en que utilizamos la energía refuerzan a nuestros adversarios y amenazan a nuestro planeta.
Estos son los indicadores de una crisis, según los datos y las estadísticas. Menos tangible pero no menos profunda es la pérdida de confianza en nuestro país - un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y de que la próxima generación debe reducir sus expectativas.
Hoy os digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto periodo de tiempo. Pero Estados Unidos debe saber que les haremos frente.
Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política.
Seguimos siendo una nación joven, pero, según las palabras de las Escrituras, ha llegado el momento de dejar de lado los infantilismos. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro espíritu de firmeza: de elegir nuestra mejor historia; de llevar hacia adelante ese valioso don, esa noble idea que ha pasado de generación en generación: la promesa divina de que todos son iguales, todos son libres y todos merecen la oportunidad de alcanzar la felicidad plena.
Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, somos conscientes de que la grandeza nunca es un regalo. Debe ganarse. Nuestro camino nunca ha sido de atajos o de conformarse con menos. No ha sido un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o buscan sólo los placeres de la riqueza y la fama. Más bien, han sido los que han asumido riesgos, los que actúan, los que hacen cosas -algunos de ellos reconocidos, pero más a menudo hombres y mujeres desconocidos en su labor, los que nos han llevado hacia adelante por el largo, escarpado camino hacia la prosperidad y la libertad.
Por nosotros se llevaron sus pocas posesiones materiales y viajaron a través de los océanos en busca de una nueva vida.
Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y se establecieron en el oeste; soportaron el látigo y araron la dura tierra.
Por nosotros lucharon y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn.
Una y otra vez estos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener llagas en las manos para que pudiéramos tener una vida mejor. Veían a Estados Unidos más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales, más grande que todas las diferencias de origen, riqueza o facción.
Este es el viaje que continuamos hoy. Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó esta crisis. Nuestras mentes no son menos inventivas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el tiempo del inmovilismo, de la protección de intereses limitados y de aplazar las decisiones desagradables, ese tiempo seguramente ha pasado. A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a empezar la tarea de rehacer Estados Unidos.
Porque allí donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía requiere una acción audaz y rápida y actuaremos no sólo para crear nuevos empleos sino para levantar nuevos cimientos para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos mantienen unidos. Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste. Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva era.
Todo esto podemos hacerlo. Y todo esto lo haremos.
Algunos cuestionan la amplitud de nuestras ambiciones y sugieren que nuestro sistema no puede tolerar demasiados grandes planes. Sus memorias son cortas. Porque han olvidado lo que este país ya ha hecho; lo que hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une al interés común y la necesidad a la valentía.
Lo que no entienden los cínicos es que el terreno que pisan ha cambiado y que los argumentos políticos estériles que nos han consumido durante demasiado tiempo ya no sirven.
La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es demasiado grande o pequeño, sino si funciona -ya sea para ayudar a las familias a encontrar trabajos con un sueldo decente, cuidados que pueden pagar y una jubilación digna. Allí donde la respuesta es sí, seguiremos avanzando y allí donde la respuesta es no, pondremos fin a los programas. Y a los que manejamos el dinero público se nos pedirán cuentas para gastar con sabiduría, cambiar los malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día, porque sólo entonces podremos restablecer la confianza vital entre un pueblo y su gobierno.
La cuestión para nosotros tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad no tiene rival, pero esta crisis nos ha recordado a todos que sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece sólo a los ricos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no sólo del tamaño de nuestro Producto Nacional Bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad de ofrecer oportunidades a todos los que lo deseen, no por caridad sino porque es la vía más segura hacia el bien común.
En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha expandido con la sangre de generaciones. Esos ideales aún alumbran el mundo y no renunciaremos a ellos por conveniencia. Y a los otros pueblos y gobiernos que nos observan hoy, desde las grandes capitales al pequeño pueblo donde nació mi padre: sabed que América es la amiga de cada nación y cada hombre, mujer y niño que persigue un futuro de paz y dignidad y de que estamos listos a asumir el liderazgo una vez más.
Recordad que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con sólidas alianzas y firmes convicciones. Comprendieron que nuestro poder solo no puede protegernos ni nos da derecho a hacer lo que nos place. Sabían por contra que nuestro poder crece a través de su uso prudente, de que la seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y las cualidades de la templanza, la humildad y la contención.
Somos los guardianes de este patrimonio. Guiados de nuevo por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen aún mayor esfuerzo - incluso mayor cooperación y entendimiento entre las naciones. Comenzaremos a dejar Irak, de manera responsable, a su pueblo, y forjar una paz ganada con dificultad en Afganistán.
Con viejos amigos y antiguos contrincantes, trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta. No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, y para aquellos que pretenden lograr su fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no se lo puede romper; no podéis perdurar más que nosotros, y os venceremos.
Porque sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos y e hindúes - y de no creyentes. Estamos formados por todas las lenguas y culturas, procedentes de cada rincón de esta Tierra; debido a que hemos probado el mal trago de la guerra civil y la segregación, y resurgido más fuertes y más unidos de ese negro capítulo,no podemos evitar creer que los viejos odios se desvanecerán algún día, que las lineas divisorias entre tribus pronto se disolverán; que mientras el mundo se empequeñece, nuestra humanidad común se revelará; y América tiene que desempeñar su papel en el alumbramiento de una nueva era de paz.
Al mundo musulmán, buscamos un nuevo camino adelante, basado en el interés mutuo y el respeto mutuo. A aquellos líderes en distintas partes del mundo que pretenden sembrar el conflicto, o culpar a Occidente de los males de sus sociedades - sepáis que vuestros pueblos os juzgarán por lo que que podesis construir, no por lo que destruyais.
A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia, teneis que saber que estáis en el lado equivocado de la Historia; pero os tenderemos la mano si estáis dispuestos a abrir el puño.
A los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias; dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones que, como la nuestra, gozan de relativa abundancia, les decimos que no nos podemos permitir más la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él.
Al contemplar la ruta que se despliega ante nosotros, recordamos con humilde agradecimiento aquellos estadounidenses valientes quienes, en este mismo momento, patrullan desiertos lejanos y montañas distantes. Tienen algo que decirnos, al igual que los héroes caídos que yacen en (el cementerio nacional de) Arlington susurran desde los tiempos lejanos. Les rendimos homenaje no sólo porque son los guardianes de nuestra libertad, sino también porque encarnan el espíritu de servicio; la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Sin embargo, en este momento -un momento que definirá una
generación- es precisamente este espíritu el que tiene que instalarse en todos nosotros.
Por mucho que el gobierno pueda y deba hacer, en última instancia esta nación depende de la fe y la decisión del pueblo estadounidense. Es la bondad de acoger a un extraño cuando se rompen los diques, la abnegación de los trabajadores que prefieren recortar sus horarios antes que ver a un amigo perder su puesto de trabajo, lo que nos hace superar nuestros momentos más oscuros. Es la valentía del bombero al subir una escalera llena de humo, pero también la voluntad del progenitor de cuidar a un niño, lo que al final decide nuestra suerte.
Nuestros desafíos podrían ser nuevos. Las herramientas con que los hacemos frente podrían ser nuevas. Pero esos valores sobre los que depende nuestro éxito - el trabajo duro y la honestidad, la valentía y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo - esas cosas son viejas. Esas cosas son verdaderas. Han sido la fuerza silenciosa detrás de nuestro progreso durante toda nuestra historia. Lo que se exige, por tanto, es el regreso a esas verdades. Lo que se nos pide ahora es una nueva era de responsabilidad - un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos deberes para con nosotros, nuestra nación, y el mundo, deberes que no admitimos a regañadientes, sino que acogemos con alegría, firmes en el conocimiento de que no hay nada tan gratificante para el espíritu, tan representativo de nuestro carácter que entregarlo todo en una tarea difícil.
Este es el precio y la promesa de la ciudadanía.
Esta es la fuente de nuestra confianza - el saber que Dios nos llama a dar forma a un destino incierto.
Este es el significado de nuestra libertad y de nuestro credo - por lo que hombres y mujeres y niños de todas las razas y de todas las fes pueden unirse en una celebración a lo largo y ancho de esta magnífica explanada, por lo que un hombre cuyo padre, hace menos de 60 años, no habría sido servido en un restaurante ahora está ante vosotros para prestar el juramento más sagrado.
Así que, señalemos este día haciendo memoria de quiénes somos y de lo largo que ha sido el camino recorrido. En el año del nacimiento de América, en uno de los más fríos meses, una reducida banda de patriotas se juntaba ante las menguantes fogatas en las orillas de un río helado. La capital se había abandonado. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en que el desenlace de nuestra revolución estaba más en duda, el padre de nuestra nación mandó que se leyeran al pueblo estas palabras:
"Que se cuente al mundo del futuro que en las profundidades del invierno, cuando nada salvo la esperanza y la virtud podían sobrevivir ... la urbe y el país, alarmados ante un peligro común, salieron a su paso."
América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras privaciones, recordemos esas palabras eternas. Con esperanza y virtud, sorteemos nuevamente las corrientes heladas, y aguantemos las tormentas que nos caigan encima. Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos puestos a prueba nos negamos que permitir que este viaje terminase, no dimos la vuelta para retroceder, y con la vista puesta en el horizonte y la gracia de Dios encima de nosotros, llevamos aquel gran regalo de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones venideras.
Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.


TRADUCCIÓN DE LA AGENCIA EFE

LA ISLA VISIBLE Y SU DORADA BRUMA

Víctor Fowler Calzada

Contra el argumento racista

Al igual que los movimientos racistas representan la síntesis paradójica y, en determinadas circunstancias, aún más eficaz, de las ideologías contradictorias de la revolución y la reacción, el racismo teórico representa la síntesis ideal de la transformación y de la inmovilidad, de la repetición y del destino. El "secreto" cuyo descubrimiento representa sin cesar es el de una humanidad saliendo eternamente de la animalidad y eternamente amenazada por sus garras. Por ello, cuando reemplaza el significante de la raza por el de la cultura, siempre tiene que relacionar esta última con una "herencia", con una "descendencia", con un "arraigo" que son significantes del enfrentamiento imaginario entre el hombre y sus orígenes.
(Etienne Balibar, Raza, nación y clase.)
El racismo representa, literalmente, el discurso revolucionario, pero lo representa invertido.
(Michel Foucault, Genealogía del racismo).
Por lo tanto, no obstante las diferencias, en ánimos del debate académico…
(Tomás Fernández Robaina, “Hacia el centenario de la fundación del Partido Independiente de Color: Aproximación crítica a tres nuevas contribuciones”.)

Las coincidencias, cuando suceden en la esfera social, suelen ser signo de malestar, línea de fuerza latente que pugna por emerger o, aunque sea, dirigen la atención a zonas que previamente es complejo distinguir por lo disperso de sus elementos. Los meses recientes, donde se ubican la aparición del volumen Cuba, personalidades en el debate racial (del investigador Tomás Fernández Robaina, por la Editorial Letras Cubanas), el largo ensayo La nación, el racismo y la discriminación racial en la historia de Cuba y en la contemporaneidad. ¿Otra batalla ideológica-cultural? (de Orlando Cruz Capote, en tres partes, dentro del sitio web de la publicación digital La Polilla) y el estreno del documental Raza (de Eric Corvalán, en el Festival Internacional de Cine de la Habana) marcan uno de estos momentos de nacimiento o reformulación de un campo. Basta conectarlos con acontecimientos anteriores como la creación de una comisión (presidida y orientada por la Secretaría Ideológica del PCC, a través de su Departamento de Cultura, en el año 2007) para la celebración del centenario del alzamiento y posterior masacre contra los miembros del Partido de los Independientes de Color; la inauguración de una tarja en la casa de Evaristo Estenoz, donde en 1908 fuera fundado dicho partido; la colocación de otra tarja, en el lugar de la ejecución de Antonio Aponte, mulato y primer cubano que organizara una rebelión contra el poder español en épocas de la Colonia y la conmemoración del aniversario de la rebelión de esclavos domésticos en el Palacio de Aldama, hoy sede del Instituto de Historia del PCC. Tal cantidad de sucesos a propósito de un tema que, durante largos años, permaneció prácticamente excluído de la escena pública y muy atenuado dentro de la academia, tiene que significar algo. Es por tal motivo que, en el texto citado, Orlando Cruz Capote, investigador del Instituto de Filosofía cubano, lanza una larga serie de preguntas:
“… ¿ello es parte además de una moda intelectual internacional que se nos indica desde una agenda exterior, específicamente, a partir del auge y repercusión de los “estudios poscoloniales”, los “estudios de alteridad” y los subalternos”?; ¿es consecuencia directa e indirecta de los impactos de los discursos post que aún subsisten en la teoría filosófica-política, económica-sociológica y psicológica social, así como de otras disciplinas científicas y saberes, acerca de la crisis de las identidades-diversidades societales, el denominado fracaso del Estado nación moderno y las contradicciones socioclasistas devaluadas?; ¿o acaso esa eclosión académica y sociopolítica de la problemática identitaria-social y racial, iniciada desde mediados y finales de los años 90 del pasado siglo y que continúa con mayor fuerza en este milenio, corresponde a un inadecuado o insuficiente tratamiento -subestimación y olvido casual o seudo-intencionado-, por parte de algunas ciencias sociales en ciertos períodos de la historia de la nación?; ¿o es resultado de algunas subvaloraciones o inadecuadas implantaciones de la política social y cultural de la Revolución Cubana, basadas en la igualdad y equidad, y a pesar de todo lo alcanzado en este campo a través de estos cincuenta años de proceso transformador?; ¿es motivada por los conflictos de valores en la sociedad cubana actual que se agravaron luego del derrumbe del paradigma y referente histórico del socialismo este-europeo y de la Unión Soviética, y su correlato inmediato que constituyó la crisis económica y social en la Isla, recrudecida por la agresiva política oportunista estadounidense, más la dominación y hegemonía omnímoda del capitalismo-imperialista a nivel planetario?; ¿es acaso también un semi-olvido de las izquierdas en general, que subestimaron en cierto sentido esa problemática a lo interno de sus sociedades?; ¿es tan real su existencia y dimensión en un país en el cual más del 50% de sus habitantes son negros, mulatos o mestizos y un porciento mayor frutos cercanos y lejanos de la hibridación social, racial, religiosa y cultural, aunque no aparezcan así reflejados en los censos de población efectuados?; ¿existe un peligro previsible para la Identidad Nacional y Cultural cubanas por la persistencia de los prejuicios racistas y las formas más sutiles de la discriminación racial?”
(«La nación, el racismo y la discriminación racial en la historia de Cuba y en la contemporaneidad. ¿Otra batalla ideológica-cultural?»)
(publicado en tres partes entre los días 9-13, diciembre de 2008.
en: http://www.lapolillacubana.cu)

Al responder, Cruz Capote apuesta por la necesidad de fomentar comisiones y congresos “para que todos aporten sus diferentes puntos de vista”, “en un marco político y jurídico adecuado, que puede profundizarse”, al tiempo que mantiene gran cautela en lo que toca a los debates en el espacio público. En este caso, el ‘todos’ imaginado -para que participe de comisiones y congresos- lo sería por delegación, como en un proceso eleccionario, mientras que la legislación particular para ofensas por motivo de raza o discriminación, en general, necesitaría de una muy profunda discusión pública que movilice sensibilidad hacia ella. La razón para pensar esto último es que ya es parte de la Constitución cubana el rechazo a toda forma de racismo, en tanto el malestar o el resultado de investigaciones sociales confirman que sí lo hay; dicho de otro modo, ni las medidas anti-racistas tomadas desde el triunfo mismo de la Revolución, ni la existencia de un marco constitucional al efecto, han sido suficientes para eliminar una convicción y una práctica con hondas raíces en la historia y tradiciones culturales del país.
¿Desde qué ángulo enfocar un tema así? Cuando Cruz Capote se refiere al extendido estudio que el Partido cubano orientó hacer en toda la sociedad cubana, hacia fines de los 90 del pasado siglo y cuyo objetivo primario era valorar el impacto del denominado “Período Especial” en los diversos grupos de la población- y que fue el disparador de la presente “Batalla de Ideas”, escribe lo siguiente:
“… arrojó que dentro del cuerpo societario cubano, los individuos y colectivos más pobres -algunos de ellos muy cercanos a la pobreza y en condiciones de precariedad habitacional, laboral y salarial- eran aquellos que tenían una composición social-racial, fundamentalmente, negra y mestiza (aunque no faltaron individuos de raza blanca), por lo que se encontraron en el escalón más retrasado y conflictual de la población.
Entonces, no existieron dudas.”
Digo lo anterior porque, como negro yo mismo, vecino de una barriada próxima a Cayo Hueso, habiendo vivido muy cerca del llamado Canal del Cerro, o con sólo caminar la ciudad durante mis años de mensajero de banco, o teniendo un hijo viviendo en Veguita de Galo, en Santiago de Cuba, o participando de experiencias de familias y amigos de mi color, o por mil otras razones, a pesar de faltaban estadísticas, nunca tuve dudas. Siguiendo igual lógica, y poniendo la mirada en la sociedad cubana contemporánea, no puede menos que tomarse distancia y encontrar otro camino de comprensión que este donde se afirma que:
“… los distintos ámbitos en donde se reproducen las prácticas racistas han sido legitimados como cuasi naturales por la sociedad en conjunto.”
En lugar de ello, se puede pensar que la cantidad y el tipo de las libertades que una Revolución socialista propone, incluyendo aquí la promesa de superación (realizada o iniciada en todos los campos, incluyendo el de la raza), son de tal magnitud que atenúan, equilibran o permiten negociar las adhesiones, a pesar de que subsista injusticia asociada a la pertenencia racial. Sean éstas en los mundos del trabajo, las relaciones interpersonales, la reproducción de estereotipos en los medios masivos o el silencio sobre la contribución a la Historia nacional (en el campo que corresponda) de determinada figura, sin ser legítimos ni cuasi-naturales, los individuos beben su amargo y continúan en ese otro nivel donde se les mira, actúan, progresan y son representados como “cubanos”. Dicho de otro modo, voluntariamente y sin insistir en el dolor, deciden no enquistar la temporalidad alrededor de la cápsula de la identidad y excluyen entonces variedades de experiencia (que van del asociacionismo racial a la presentación y debate público del problema) para asumir modos otros de elaborar un futuro diferente.
II
Tomás Fernández Robaina, investigador de larga trayectoria en lo que toca a la historia social del negro en Cuba, así como al universo de la religiosidad popular de origen africano, es una de las personalidades más creativas en la bibliotecología cubana contemporánea y el autor de volúmenes como: Bibliografía de temas afrocubanos, Memorias secretas de dos mujeres públicas, Historia social del negro en Cuba, Contribución a la historia de la Biblioteca Nacional, del Índice de publicaciones periódicas, además de las bio-bibliografías de José María Heredia y Antonio Maceo. Una gran contribución, para el tema que comentamos, es la reciente aparición de uno más de sus libros: Cuba, personalidades en el debate racial (La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2007).
Mediante la reunión de artículos, escritos a lo largo de años y dedicados, en su mayoría, al análisis de figuras destacadas dentro de los debates sobre raza en Cuba (en especial, durante el siglo XX), Fernández Robaina entrega uno de esos esfuerzos que dejan con ganas de seguir leyendo. Zonas y modos de pensamiento que permanecen sepultados regresan a la luz y, con su reingreso a la escena pública, podemos reconstruir el pasado y entendernos mejor; por este camino, la fijeza de la mirada encima de procesos escasamente abordados en la investigación (o integrados de forma fragmentaria), obliga a un reordenamiento de la tradición entera. En este caso, la asimilación de actores nuevos, en ocasiones insospechados, agrega escenarios a las visiones que poseemos (sobre el crecimiento en el tiempo del país y su cultura) e impulsa un aumento de la complejidad que nos define y que es ganancia final para una identidad enriquecida. Si bien han sido varios los esfuerzos en semejante dirección, hasta el presente ninguno había intentado el análisis individualizado de pensadores alrededor de la situación racial cubana. Por este camino, a los ya conocidos nombres de Marinello, Juan Gualberto Gómez y Nicolás Guillén, dentro del campo, se agregan otros de menor resonancia, pero igualmente de primer plano, como los de Arredondo, Urrutia y Trelles. La profunda experiencia que, como investigador en el área de las luchas sociales del negro cubano, acumula Fernández Robaina, le permite moverse con erudición y limpieza en un amplio campo que abarca la historia hechológica, la religiosidad afrocubana y el análisis de los procesos de formación nacional, donde lo histórico y lo cultural se funden. Su pasión como autor define a un verdadero activista, alguien que ha sido uno de los principales responsables del regreso de la atención hacia el Partido Independiente de Color; fundando en 1908, ilegalizado en 1910, reprimido con violencia extrema en 1912 y, a partir de entonces, sepultado en un larguísimo e injusto olvido.
Todo hecho acerca de los Independientes demarca un polo de oposición en el tiempo tanto como en la significación. En verdad, recuperado el hecho, no hay forma de escribir el presente, sino como negación de una represión que (pese al desacuerdo en la cifra de muertos) tuvo lugar en medio de histeria racista, revuelta por la prensa en todo el país, y fue sangrienta. Tampoco, en su reverso, es posible escribir la historia de la Revolución cubana, sino como la superación (curación) de aquella vieja herida que, a lo largo de la República, hubo de permanecer abierta, controlada y para la cual se demandaba mudez. El acontecimiento ocurrió en el interior de un tejido de circunstancias que, no pocas veces, escapan hacia derivaciones que el paso del tiempo oscurece. Para que ello suceda es necesario combinar el olvido o la erosión de la memoria, como proceso natural; conexiones que lucen remotas hoy, pero que en el instante parecían fundamentales; además de la acción, planificada y continua, de aquellas élites que controlaron –desde la fecha del hecho y durante una larga cantidad de tiempo- la interpretación de la historia. Si se toma en cuenta lo anterior, el arco que va desde el vilipendio (Rafael Conte y José M. Capmany, Guerra de razas, y Gustavo Enrique Mustelier, La extinción del negro) a las recuperaciones más recientes, que pretenden restablecer la verdad histórica y hacer justicia (Castro Fernández, Silvio. La masacre de los Independientes de Color en 1912 y Meriño Fuentes, María de los Ángeles. Una vuelta necesaria a mayo de 1912), dibuja un territorio tan lleno de certezas como de paradojas y preguntas, a la espera de más laboreo por parte de historiadores.
No cabe duda de que Fernández Robaina comparte la convicción de que los Independientes recurrieron a la revuelta porque entendieron que la República era un momento de negación del derecho (para el grupo de individuos cubanos de la raza negra) y, como tal, daba continuidad a la colonia. Basta, como ejemplo, la siguiente cita que –aunque referida a Juan Gualberto Gómez y en el artículo La presencia del pensamiento martiano en la lucha social del negro cubano- conduce a una toma de partido por los Independientes:
“Su opinión idealista y romántica hacia la hermandad de blancos y negros ganó fuerza: no vió las diferencias clasistas y culturales que ahondaban los prejuicios y la discriminación. No pudo rebasar el marco de su tiempo, de su visión eurocéntrica, porque había sido formado intelectualmente dentro de ella. Sin embargo, la realidad, la vida, imponía sus leyes, y la idea del partido negro no desapareció por completo. En 1908, se funda la Agrupación Independiente de Color como una vía para lograr las reivindicaciones del negro cubano.”
Fernández Robaina, Tomás. Cuba, personalidades en el debate racial. (pags. 78-79)
La incomodidad del autor, para con la renuncia de J. G. Gómez a la acción violenta como manera de obtener derechos, abre una diferencia radical (en cuya raíz se encuentra el devenir del tiempo) en lo que trata al funcionamiento de las sociedades humanas, el sentido de la labor intelectual, las posibilidades de la democracia representativa, los valores del activismo social y no político, la importancia del asociacionismo identitario y la interrelación entre grupos fracturados por motivos de raza. Sin embargo, la elección aquí es sumamente complicada, pues habría antes que demostrar que la negación de cualquier posibilidad de desarrollo, para los cubanos negros de la época, era no sólo lesiva, sino absoluta y –lo principal- sin perspectiva de mejoramiento. Lo que trato de entender son los motivos que, en la circunstancia que sea, pueden ser tales que generen las condiciones necesarias para que todo un grupo social derive hacia una práctica política tan enteramente tajante como es la protesta armada, preludio simbólico de la guerra; junto con ello, por otra parte, “lo político” de la época incluía, el comportamiento de grupos que simulaban la revuelta (con lo cual demostraban su fuerza y avisaban de la violencia que podían ocasionar si no eran atendidas sus demandas). Esta escenificación de la revuelta, que supuestamente contenía en potencia a la revuelta real (a la que, en el momento, se le dejaba en suspenso e hipótesis), solía terminar en la abertura de un espacio de diálogo en el alto poder político y, sobre todo, en la redistribución de parcelas dentro de la dominación. Las luchas, por ejemplo, de campesinos y obreros cubanos, demuestran que tal práctica les quedaba completamente vedada, pues allí la condición básica del pacto era justamente la no-realización de revueltas y ni siquiera resultaba concebible la existencia de grupos que recurriesen a las armas para manifestar demanda. La clave aquí es si, semejante prohibición, realmente “agotaba” la totalidad de cambio y/o mejoramiento concebible dentro de la muy joven República cubana, al tiempo que en cualquiera de sus caminos futuros. De las varias veces que el autor da respuesta a la inquietud en su libro, elijo esta que sigue:
“Los negros nada habían recibido de la República, a pesar de que ellos se habían hecho acreedores a esos derechos de forma relevante”
Fernández Robaina, Tomás. Cuba, personalidades en el debate racial. (pp. 78-79)
A este propósito, no alcanza con constatar determinada injusticia (ni siquiera cuando es extendida y en múltiples niveles), sino que el análisis carece de sentido si no se toma en cuenta la temporalidad; en su reverso, el peligro de olvidarlo, implica hacer la vulgar lectura teleológica según la cual las condiciones del presente organizan y dan respuestas para el pasado. Pese a la velocidad de eventos sucedidos en los diez primeros años de República, fundada en 1902, es sumamente dudoso hablar de “agotamiento” dentro de un proyecto social que significaba el abandono de un orden colonial y su sustitución por el estatuto republicano. De hecho, va a ser el propio Fernández Robaina quien, en el artículo que dedica a la Bibliografía de autores de la raza de color de Carlos M. Trelles, destaca el estupor del célebre bibliógrafo al comprobar que quienes más han “aprovechado” el cambio son los individuos de la raza negra. Aunque, a su vez, esto no baste para disipar el comentario acerca del racismo virulento que había, para la fecha, en el país, si es suficiente para imaginar que incluso en el interior de semejante ambiente había otros modos de imaginar (o aún poder imaginarla) la ciudadanía del sujeto de raza negra que no fuesen, de modo inevitable, los de la revuelta. Un fragmento clave, de la cita en cuestión, es el siguiente:
“El progreso del negro cubano, desde el punto de vista de la instrucción, es hoy más rápido que el del blanco, si se tiene en cuenta que la mitad de los componentes de la raza africana estaban sometidos hace medio siglo al régimen inicuo y embrutecedor de la esclavitud”
Trelles, Carlos M. Bibliografía de autores de la raza de color.
en: Cuba Contemporánea, abril de 1927, años 43, no. 169, pp. 30-78.
Citado en: Fernández Robaina, Tomás. pag. 37
La paradoja brota de la fusión de tensiones, hasta cierto punto encontradas, en una misma temporalidad. Para los ciudadanos negros que participaron, de modo activo, en el mambisado, el daño a una promesa de participación forjada en la igualdad frente a la muerte en los campos de batalla y su posterior postergamiento sin meta concreta. Para aquel otro sector de negros cubanos, cuya esperanza y lealtad mayores estaban en el arribo de un nuevo orden del mundo (capaz de barrer la dosis de inhumanidad que les era destinada en el espacio colonial), una serie de obstáculos nuevos, pero de intensidad disminuída, la diferencia entre el absoluto del ‘nunca’ y el compás de espera propio del ‘quizás’. Esto último, a fin de cuentas, y más verdadero que nunca durante los primeros años de cualquier proceso social, la promesa exacta que implica el paso desde una colonia a una República. Partiendo de este punto, desde el presente, se hace necesario entender y aceptar –más allá de cualquier relativismo minimizador- la posibilidad que existió, para los actores de la época, de ser cubano, negro, discriminado, digno, no sumarse a los Independientes de Color y rechazar la revuelta. Junto con ello, luego de la desmesurada represión y el consiguiente daño que sufrió el mito de la República como espacio de fraternidad racial, las instituciones de la clase dominante debieron invertir una energía simbólica enorme para borrar las huellas del suceso (huella de lo cual, por ejemplo, es la virtual inexistencia del hecho en el sistema de enseñanza u otro ámbito de la producción cultural nacional), así como presionados para abrir espacios que fuesen tribunas de la voz del nuevo sujeto racial (ejemplo de lo cual es la columna Ideales de una raza, del periodista Gustavo Urrutia, en el Diario de la Marina, que el propio Fernández Robaina elige como modelo de intelectual negro republicano).
El paso a primer plano de las cuestiones asociadas a la temporalidad permite analizar desde ángulos nuevos lo entonces sucedido, pues la sucesión de eventos de éxtasis popular como fueron la caída del machadismo en 1933, la elección de Grau San Martín en 1944 y la prédica de Chibás hasta su muerte en 1951, admiten ser interpretados como ejemplos mayores del enorme capital simbólico que la República conservó, todavía muchos años después de la masacre contra los Independientes de Color. Un capital simbólico cuyo contenido es la idea de que un nuevo espacio de realización humana iba a ser posible, nacido de las luchas de anti-coloniales y de liberación nacional en el siglo XIX, y en cuyo mantenimiento (a lo largo de los eventos señalados) los ciudadanos cubanos de la raza negra no sólo contribuyeron, sino que fueron uno de sus elementos estructurales básicos. Si bien la represión a los Independientes transformó en asunto sumamente espinoso el mito de la fraternidad racial cubana, no fue suficiente para destruir la idea de que todavía había otros caminos para la realización de los negros cubanos. Es el presente quienes nos dice que apenas hubo cubanos de raza negra entre las figuras principales o como miembros del cuerpo diplomático de cualquiera de los gobiernos republicanos; que escasamente entraron de modo masivo a trabajar en las grandes cadenas de tiendas o en las compañías Eléctrica o en las refinerías; que tampoco ocuparon puestos directivos en los centrales azucareros y mil evidencias más del racismo visceral de las élites cubanas. Contrario a ello, en el pasado, centenares de miles de cubanos negros creyeron e intentaron, con toda su buena fe, ascender en la pirámide de una sociedad clasista mediante el trabajo propio e invirtiendo cuanto podían para la educación de los hijos, convencidos de que la superación del nivel cultural iba a garantizarles el mejoramiento. Lo principal es que semejante actitud era posible porque el horizonte de las expectativas, orientado al futuro, tenía como telón de fondo el universo colonial y, por injusta que fuese la República, cualquier cosa era mejor que regresar hacia allí.
Tomando en cuenta que, a cada ciclo de ilusión de los anteriores mencionados le sucedió un nuevo período de manipulaciones y violencia esencialmente anti-popular, resulta más productiva -que la noción de “agotamiento’ inmediato- la idea de desgaste para explicarnos las razones que legitiman el triunfo de la Revolución cubana. Desde este ángulo, igual vale analizar las acciones y esfuerzos de las élites para mantener viva la ilusión republicana, cosa que tuvo que haber sido una de las prioridades fundamentales de la dominación, pues (con independencia de los casos particulares, en los que la historia de Cuba abunda) la cuestión del poder no se reduce a buscar enriquecimiento rápido, sino que pretende una estabilidad en el tiempo y la duración es entonces la mayor necesidad. Después de la histeria con la que reaccionó la prensa cubana, ante los eventos de los Independientes, no es tan sencillo eliminar un tema y sus derivaciones como si nunca hubiesen existido; en verdad, el que los de mi edad nos hayamos educado sin la más pequeña idea de aquello o el que, todavía hoy, personas de edad mayor igual lo desconozcan, indica que tuvo que ser permanente, tanto como enorme, el trabajo de máquinas culturales empeñadas, inmediatamente luego del suceso y a lo largo de años, en borrar, silenciar, atenuar, desaparecer lo sucedido allí o transformar su significado. Estas máquinas, dispositivos des-centrados que no controla nadie en particular, sino se unifican y accionan alrededor un mínimo grupo de ideas compartidas, tuvieron que haber sentido (ante el exceso y, sobre todo, la celebración pública de la represión) que el gesto había tenido consecuencias y que, si bien solucionaba el problema inmediato, también debilitaba el capital simbólico, pues la institucionalización del terror (como reminiscencia del ambiente colonial) era un lujo que la ficción de fraternidad, integrante del estatuto republicano, no se podía permitir. De tal modo, re-construir el pacto con los cubanos de raza negra se tornaba una necesidad acuciante y es entonces cuando el asesinato de los Independientes contribuye a resquebrajar esas mismas máquinas que los sepultaron, pues la prédica de intelectuales como Urrutia (así como el brindarles un espacio central) se convirtió en obligación.
Hoy, luego del silencio, los intentos de recuperación insisten, desde la solidaridad con las víctimas, en centrar la mirada en la célebre Enmienda Morúa (que, presentada por el senador negro Martín Morúa Delgado, sirvió como basamento para ilegalizar a los Independientes en 1910). Por tal camino, y como parte del entramado posible en el tejido de la época, hay quienes consideran que la proscripción de los Independientes tuvo como objetivo principal (puesto que ellos eran una fracción “escapada” del Partido Liberal) detener e impedir la erosión de las bases populares de los liberales. Para colmo de complejidad, la enmienda fue presentada exactamente por el político negro que a más elevado puesto había llegado durante la época (el más alto que tendría un cubano negro en la República, pues fue Presidente del Senado), cuya ideología era liberal. Leáse a continuación su texto:
“Por cuanto: La Constitución establece como forma de gobierno la republicana; inviste de la condición de cubanos a los africanos que fueron esclavos en Cuba y no reconoce fueros ni privilegios personales;
Por cuanto: La forma republicana establecida por la constitución instituye el gobierno del pueblo para el pueblo, sin distinción de motivos de raza, nacimiento, riqueza o título profesional;
Por cuanto: Los partidos políticos tienen la indeclinable tendencia a constituir por sus propios miembros el gobierno que desarrolle en el país sus doctrinas políticas y administrativas.
El senador que suscribe considera contraria a la Constitución y a la práctica del régimen republicano la existencia de agrupaciones o partidos políticos exclusivos por motivos de raza, de nacimiento, riqueza o título profesional, y tiene el honor de proponer al Senado la siguiente enmienda adicional al artículo 17 de la ley electoral.
No se considerará, en ningún caso, como partido político o grupo independiente, ninguna agrupación constituida exclusivamente por individuos de una sola raza o color, ni por individuos de una clase con motivo de nacimiento, la riqueza o título profesional.”
citado en: Castro Fernández, Silvio. La masacre de los Independientes de
Color en 1912.
Sin embargo, la escritura de historia no debe ser definida (aunque lo contenga) como una acción solidaria, sino como acto de pensamiento que persigue establecer ciencia y verdad. Esto segundo permite esperar abordajes futuros que exploren otras palabras, pronunciadas por el mismo Morúa Delgado, en ocasión de presentar su propuesta ante el Congreso de la República, el 14 de febrero de 1910:
“He tenido mucho cuidado en salvar el derecho indiscutible que tienen los cubanos de organizar un Partido obrero. No se trata de la clase de trabajadores, entre los cuales se hallan confundidos hombres de ambas razas, y el fin que persiguen es verdaderamente democrático y moralizador.
En la clase trabajadora están todos los elementos de que nuestra sociedad se compone, y se defiende el derecho que el trabajador estima hollado. Los principios que propaga, las doctrinas que defiende y quiere ver realizadas en la administración pública, son progresos que demanda y por los cuales lucha para beneficio del obrero y para beneficio de la Nación en que el obrero se desenvuelve.”
en: Diario de Sesiones del Congreso de la República, Decima Quinta Legislatura, Vol. XV, Habana, 14 de febrero de 1910, No. 31.
¿Por qué este particular destaque en que los cubanos puedan, más allá de sindicatos (que ya existían y que deberían defender los derechos del trabajador frente al patrón), organizar un Partido Obrero (que permite al trabajador transformar su demanda en corriente de movilización política e incluso, desde un punto de vista técnico, aspirar a la toma del poder)? A una ciencia histórica fina, le toca descubrir, más allá de cualquier adhesión sentimental, lo que pueda haber encerrado aquí.
Otro de los grandes polos de interés en el libro de Fernández Robaina: el que se refiere a la existencia y contenido de lo que denomina el “negro deculturado”. Sin embargo, el problema de la deculturación como sólo pérdida (préstese atención al matiz negativo que el concepto de asimilación adquiere en el autor) es que obligaría a colocar alguna figura como su reverso positivo; de tal modo, ello nos permite dos preguntas que el autor nunca responde: ¿qué es ser un negro cubano no-asimilado o no deculturado? ¿No nos estaremos refiriendo, con ello, al africano original? ¿No estaremos así construyendo el mito de un continente sin contradicciones, En realidad, lo único que, a este propósito, ofrece el texto es la sugerencia de conexiones entre la realidad religiosa del individuo con sus no deculturación o asimilación.
Es algo que volví a pensar cuando, hace aproximadamente un mes, asistí a la presentación del último número de Movimiento, revista del hip-hop cubano, ocasión en la que también fue exhibido el documental independiente Tambores de libertad, del joven realizador Mauricio Rodríguez, dedicado a honrar las raíces africanas de la cultura cubana. De entre los tantos detalles que no comparto en el documental destaco dos: el fragmento donde uno de los entrevistados afirma que los cubanos no consideramos que nos estamos divirtiendo si no suena un tambor y la manera de representar África, mediante repetidas imágenes de pobreza y de ceremonias religiosas. Ambos los siento como profundamente reduccionistas, ajenos y explican poco de la dimensión o profundidad de mis conexiones con el continente en el cual, también, tengo raíz y es algo que quisiera de inmediato referir a la noción de deculturación. Primero, porque nos acecha el peligro de circunscribir el plus de raza (aquel sentido en el cual la identidad como sujeto negro te marca y hace diferente) a una única y específica conducta que, presuntamente, te definiría. Segundo, porque el tratamiento de la pobreza y su denuncia no puede ser equivalente a que nuestra lectura del Otro (que sea) le impida abandonar el estado de víctima; dicho de otro modo, representar a la víctima bien puede conducir a un nuevo modo de victimización. Tercero, por el desatino histórico de hablar del África religiosa como si hubiese una unidad esencial de las representaciones, mientras que la evidencia nos enfrenta a un complejísimo mosaico de prácticas y lealtades cristianas, islámicas y nativas. Cuarto, porque tanto la victimización, el circunscribir y el desconocimiento voluntario son operaciones intrínsecamente coloniales y entonces la voz, que cree estar haciendo labor crítica, resulta que reproduce la sustancia del orden colonial al esconder la verdadera voz del otro. Quinto, y principal, porque necesitamos entender al otro en su movimiento y desarrollo, que es la única vía para que haya comunicación humana en condiciones de paridad; arribar a una idea de África como algo que no pudo ser detenido en el tiempo, el continente de grandes escritores, músicos, científicos, pintores, productores de teoría. Donde la miseria y el amor a modos de religiosidad coexisten con la búsqueda de caminos de entrada en la modernidad y la erosión de valores tradicionales. Sexto, porque la identidad como sujeto negro implica un tipo de dolor que manifiesta su existencia más allá de las paradojas de la deculturación, pues los pinchazos de estímulo vienen desde la historia, la cultura, los sentidos asociados al color, las narraciones familiares, la vida cotidiana, los medios masivos, de todas partes. Lo que Fernández Robaina denomina “deculturación” nunca va a impedir que sigas siendo negro y pensando como tal.
III
La exhibición, durante el más reciente Festival de Cine de la Habana, del documental Raza, del realizador Eric Corvalán, es un ejemplo más de malestar en la sociedad cubana del presente. Dos niveles de cubanos ocupan la pantalla: sujetos populares e intelectuales (de estos últimos, la mayoría pertenecientes a la raza negra). Puesto que sólo tres intelectuales blancos son entrevistados (una profesora de Universidad, una profesora de ballet y un Vice-Ministro de Cultura) contra siete intelectuales negros (en su mayoría, investigadores, escritores o artistas), es claro que el desbalance obedece a una intencionalidad: la voz que se quisiera destacar es la del individuo de raza negra y el discurso crítico (las intervenciones responden a preguntas o incitaciones del realizador) estará dirigido a identificar, cuestionar y confrontar prácticas lesivas, para los sujetos de raza negra, en la sociedad cubana de hoy. De una parte, hay que tomar partido por la sensibilidad y esfuerzo detrás de obras como ésta (a nivel somático, de censo, el realizador es de raza blanca y su compañera, con la que aparece fotografiado al final, en el pase de los créditos, de raza negra); de la otra, también es necesario mantener, ante el documento, una distancia crítica tal que permita cuestionar verdades o señalar limitaciones.
Las razones mínimas para ello son dos: primero, porque cualquier documento audiovisual propone una ilusión de realidad doblemente manipulada (durante la selección de los fragmentos a enseñarle al espectador y durante su montaje, en lo cual incluyo elementos “ajenos” como lo voz en off, la música y efectos posibles en la banda sonora, el uso de archivos fotográficos, etc.). Segundo, porque la interpretación es un acto de libertad, autoral, que busca interpretaciones conexas; que no sólo intenta descubrir, sino que se conecta a tendencias coexistentes o anteriores, que forma cadenas en el juego de discursos alrededor de Cuba y, como tal, no puede evitar el contacto con lo que se ha convertido en uno de los temas favoritos del presente: el fracaso de la Revolución. Por tales motivos, no es una sutileza gratuita detenernos en la elaboración del discurso, por parte del documentalista, para responder a una pregunta, sobre la figura de Evaristo Estenoz, –hecha, en la calle, a un joven de raza negra (1:25’ – 1:30’). Curiosamente, el joven, cuando, se le pregunta sobre los grandes acontecimientos históricos, del año 1912, menciona el hundimiento del Titanic, es capaz de citar la fundación de los Independientes de Color, pero desconoce quien fuera Estenoz, líder de ese mismo partido. Pasados unos minutos, el documentalista responde:
“Los gobiernos republicanos ejercían la discriminación racial, aún contra los combatientes negros de las guerras independentistas; hostigados por esta situación, los Independientes de Color iniciaron sus operaciones militares el 20 de mayo de 1912.”
(a los 4:20’, mediante voz en off mientras son proyectadas imágenes de la represión contra el alzamiento de los Independientes)
No es casual que, terminado este bloque, el montaje proponga transitar a la entrevista con Fernando Rojas, Vice-ministro de Cultura, de quien ha sido seleccionado un fragmento donde considera que:
“Pero, no es el mejor momento, hablando de la historia de la Revolución, de resultados específicos en la lucha contra el racismo o contra la discriminación racial, que es como yo prefiero describirlo.”
Puesto que los primeros segundos del documental presentan opiniones, tomadas en la calle, que comunican malestar, la solución de montaje crea una extraña ilusión de continuidad; dado que hay un mal que en la República condujo a la solución buscada por los Independientes, entonces la continuidad del mal quizás merezca idéntica solución. Allí, donde Estenoz aparece como un héroe injustamente olvidado, el análisis revela un punto sumamente discutible, ya que, si se apela a la exactitud, el plural (“los gobiernos republicanos”) corresponde únicamente a los períodos de Estrada Palma y José Miguel Gómez, los dos primeros. La ilusión de continuidad ocurre porque la evidencia histórica, en el presente, confirma que se practicó discriminación a lo largo de los diversos gobiernos republicanos que hubo; pero en el pasado, cuando tuvo lugar la protesta de los Independientes, era algo que sólo se podía suponer y que sucedía dentro de un país en construcción como nación independiente, aún con un enorme capital simbólico en manos de sus grupos hegemónicos.
El procedimiento de montaje contrastante vuelve a ser utilizado, de nuevo con Fernando Rojas, para enfrentar su opinión acerca de que (23:43’ del documental), si bien todavía no es suficiente, la presencia del debate sobre raza en los escenarios públicos cubanos ha ido creciendo, en particular en los medios impresos. A esta verdad, que ilustra la obra publicada de varios de los testimoniantes (Tomás Fernández Robaina, “Tato” Quiñones, Roberto Zurbano, Lázara Menéndez y Esteban Morales), se le opone a continuación una intervención (de Lázara Menéndez):
“Yo lo que me pregunto es hasta qué punto es importante seguir en el chapoleteo. Es lo que a mí me parece que… Yo insisto siempre en las acciones prácticas, es decir, yo no hago nada con que me lleves a la televisión a yo decir todo esto que te puedo estar diciendo aquí si yo después salgo de ahí, vuelvo a mí, a oir mis discos de Lázaro Ross, que me gusta mucho, en mi casa y se acabó. No, es decir, si esa discusión va a servir para que se hagan cosas, sí. Porque, yo no sé en otros barrios, pero en mi barrio, ese tipo de problemas la gente no lo ve... no lo ve. Porque eso es como una descarga y la gente está muy cansada de que le estén trovando y que le estén diciendo más o menos las mismas cosas. Entonces, yo creo que hay que cambiar los estilos.”
Para un documental que, con sólo existir y ser exhibido, fabrica él mismo espacio público de discusión y donde tal solicitud está articulada en varias de las intervenciones (Fernández Robaina, Morales, Zurbano, etc.) es un clamor supremamente contradictorio. No sólo porque renuncia al debate (que es la demanda) en función de una llamada “acción práctica”, sino porque supone que esto nuevo (el hablar sobre razas y racismo), sin siquiera suceder, provocaría el mismo cansancio que otros contenidos, gastados ya por el uso. Semejante apología de la práctica, cual si careciera de sentido una supuesta época de los discursos (que, por demás, ni siquiera ocurrió), coloca al Estado por delante de la voz; pero, al eliminar la discusión-sensibilización alrededor de un punto social crítico, de manera implícita ansía la presencia de un Estado paternal, protector y –sobre todo- autoritario.
De tal modo, más allá de las múltiples denuncias que el documental reúne e incluso sus manipulaciones, la más atractiva de las intervenciones y el verdadero centro ideológico, se encuentra en las palabras del pintor Eduardo Roca Salazar (Choco):
“Y a mí me molesta mucho cada vez que vienen a hacerme una entrevista… “Bueno, Choco, yo quisiera saber tu opinión, con rela(ción a)… tú, como negro…” Ya, ya me pongo enfermo, porque por ahí no está. Porque cuando tú haces y aceptas una cosa así, ya nos estás dividiendo. Yo estoy defendiendo una nacionalidad. Yo estoy defendiendo una cultura que no es negra, no es blanca, no es nada. Una cultura que es caribeña, que es cubana, que tiene todos estos tonos.”
En este punto, la idea de una sociedad culturalmente unificada y multitonal, así como el lenguaje militar que el hablante utiliza, remite tanto a la noción de proyecto compartido como a una problemática mayor asociada a la ubicación geográfico-política del proyecto, al espacio, la temporalidad y, sobre todo, las nociones de soberanía política y cultural. La Cuba reivindicada de este modo, por encima de sus diferencias internas, es un ideal cultural común y no un simple trozo de territorio compartido; es la Cuba de la Revolución, pero también la de los cubanos, donde quiera que se encuentren y reconozcan que sólo hoy, a pesar de limitaciones o fracasos, se crearon condiciones para una superación efectiva del racismo en tanto el proyecto de Nación no necesita negar la contribución de los individuos de raza negra, aún cuando tampoco encuentre todos los caminos para integrar la contribución o ni siquiera conocerla. La paradoja es crucial, pues en las condiciones de capitalismo agrícola subdesarrollado, con estructura económica mono-productora, mercado esencialmente absorbido por los E.U., dentro de un orden republicano construido encima de un pasado colonial-esclavista, además de una alta cantidad de inmigrantes provenientes de la antigua metrópoli, el racismo es una necesidad de funcionamiento del sistema y no una casualidad ni consecuencia que obedece a una lógica exterior. De hecho, operando con tales coordenadas, una sociedad con bases demográficas y una pirámide social como la que Cuba heredó de la colonia, sería incomprensible sin el componente racista que es parte central de su identidad. Del lado contrario, el tipo de ruptura que la Revolución propone, tendrá siempre el componente racista como una línea de tensión que, por persistente que intente o resulte ser, sólo puede ya apoyarse en un basamento cultural ligado a las tradiciones, la cultura heredada y que, en cualquier momento, admite ser trastornado por los nuevos ordenamiento político, jurídico, pedagógico o cultural que emanan del nuevo poder. En este mundo nuevo, por doloroso que resulte para quienes lo sufren, el racismo no puede sino ser residual.
En este sentido, la verdadera pregunta y el sitio hacia el cual apuntan el malestar que los documentos manifiestan, así como las manipulaciones alrededor de ellos, es en dirección a saber si los grupos tradicionalmente subordinados (en este caso, sujetos de la raza negra) hoy son sujetos de poder en Cuba, actores hegemónicos de su propio destino, con capacidad para incidir en las tomas de decisión que afecten sus vidas. Cualquier evidencia empírica nos dice que no, desde las representaciones en los medios de difusión masiva a la integración racial de las altas direcciones (ambas quejas repetidas por entrevistados en el documental, mucho más agudas cuando se refieren al sector de la economía mixta), incluso cuando la misma voluntad partidista de implantar una política de cuotas (para el ingreso al Partido Comunista) hubo de ser promulgada hace pocos años o cuando las investigaciones sobre el impacto del denominado “Período Especial” confirmaron que el deterioro fue mucho mayor en la población de raza negra. Por una graciosa paradoja de la Historia, en condiciones sumamente distintas, hay una apariencia de parentezco a las vividas en los inicios del siglo XX cubano: la urgencia de reconstruir un país y de darle posibilidad de existencia como nación independiente, conducen a poner a un lado las diferencias o fracturas en una ecuación social gigantesca en la que el tiempo es el enemigo mayor.
Tal impacto del “Período Especial” en estructuras largamente fragilizadas más la desprotección (de raíz política y consecuencia lógica de una emigración que, además de ser mayoritariamente blanca tiene a los grupos de raza blanca en mejores condiciones económicas) cuando la cultura del dólar entra al país, cierran el círculo cuando el nuevo mundo de economía con divisa extranjera reproduce el viejo patrón cultural de exclusión. Es entonces cuando, bajo presión de una lógica externa, la Revolución comienza a tropezar con los límites de la justicia que ha sido capaz de construir, a descubrir las manquedades del proyecto incluso en el reclamo de aquellos mismos a quienes, sin descanso, intenta beneficiar. Puesto que se discuten ya las lealtades, parece haber un muy estrecho abanico de respuestas: reprimir las voces críticas, activar al aparato jurídico para que la ley garantice igualdad y posibilidad de ascenso social globales en las condiciones nuevas, generar desarrollo y estímulos económicos para los sectores desfavorecidos, reconstruir las políticas de representación (para que el sujeto históricamente subordinado no sólo sea mostrado, sino que cuente quién es y cuáles son sus problemas, esperanzas o fracasos) y desatar opinión y sensibilidad social alrededor del punto crítico. Esto último, que no es sino el debate social, merece la totalidad de los escenarios, la voluntad de que sea el subordinado histórico quien se relate a sí mismo y, lo más importante, demanda un movimiento simultáneo que permita des-racializar el malestar mediante su conexión con cualquiera de los otros grupos del país que vivan en condiciones de pobreza o sean portadores de desventaja. En lo que toca al diseño de las políticas anti-racistas, una combinación de acciones con pretensión universalista con otras localizadas sectorialmente, pero siempre en ambientes de discusión pública de las tradiciones, las raíces de la desventaja social, los logros y los fracasos; ambientes que no pueden sino significar crítica, apertura, dialogicidad, influencia, aprendizaje mutuo, receptividad a la crítica y voluntad de transformación. Creo que es algo que corresponde con la siguiente idea de Balibar, tomada de una entrevista en la que recurre al pensamiento de Hannah Arendt para vincular anti-racismo y luchas por la ciudadanía:
“… evitó fundamentar la lucha contra el racismo a partir de la identificación empática con las víctimas, criticó la manera en que las víctimas tenían tendencia a representarse y a utilizar su estatus de víctimas a fin de construir una identidad política colectiva, y se resistió a usar el discurso sobre el carácter único de la exterminación de los judíos. Ella formuló lo que yo llamo "el teorema de Arendt", que indica que no hay derechos del hombre fuera de la institución política. Así, lo primero no son los derechos del hombre sino los derechos del ciudadano.”
en: http://areanec.blogspot.com/ sábado 20 de diciembre de 2008
http://mitomundializacion.blogspot.com/2008/06/etienne-balibar-debemos-repensar-qu-es.html 6 de junio de 2008
Llegados aquí, donde la cuestión racial nos es revelada como problema de participación y derecho ciudadano, leemos la demanda en su rostro contemporáneo.

Comentarios finales:
Confieso mi total estupor al leer que, como resultado de una investigación concluída en 2007, el primero de los resultados del “proyecto de pensamiento cubano del Instituto de Filosofía” haya sido que:
“la Identidad Nacional es el resultado de una construcción social y cultural, históricamente condicionada, o sea algo nunca totalmente acabada, construida o determinada a priori, en un tiempo único, aunque con hitos fundamentales; que es el producto de las relaciones entre los diversos actores sociales a través del espacio-tiempo. Por lo tanto, constituye el carácter social de un pueblo, y no es un componente finiquitado de la realidad, sino un proceso en permanente construcción y deconstrucción de representaciones, generadas por la acción combinada de las estructuras y de las prácticas de los actores sociales.”

E incluso que, para arribar a semejante conocimiento, haya sido necesaria una nueva investigación, independiente de la masa de investigación que, dentro del sector de las ciencias sociales, es hecha en el mundo.
Un resultado de dicha investigación se encuentra en:
MsC. Alejandro Sebazco, Dr. Orlando Cruz, Lic. Reynier Abreu, Lic. José Aróstegui, Lic. Wilder Pérez y la Lic. Dania Leyva “La problemática de la Identidad Nacional. 1989-2005”, en Revista Cubana de Filosofía, en formato digital, mayo-septiembre de 2008, www.filosofia.cu
El que sigue es otro fragmento que sorprende en el texto de Cruz Capote, esta vez por su impecable asepsia, pues ¿quiénes componen, en el caso cubano, los grupos en cuestión?
“… si bien las expresiones del racismo varían de acuerdo con el contexto social en el que se desarrollan, se trata casi siempre de actitudes, sentimientos y apreciaciones que justifican o provocan fenómenos de separación, segregación y “explotación” de un grupo por otro, legitimando en cualquier caso las relaciones de poder existentes, a pesar de que en el caso cubano fuera socialista -en transición constante hacia el comunismo.”
Otro momento de difícil metabolización, por el nivel de abstracción manejado, si aceptamos que se refiere a Cuba. ¿Quién es aquí el “otro” del cual habría que apropiarse críticamente y quién el que posee dominio sobre “lo original y auténtico”? ¿Por qué?
Pero podemos aseverar que la problemática racial no constituye un peligro para la Identidad Nacional en Cuba. Porque si de preservar de lo dañino a la identidad se trata, lo más adecuado es preparar al sujeto popular-nacional como un receptor fuerte, activo, crítico, capaz de aprender, comprender y sobre todo aprehender, lo positivo del “otro”, para incorporarlo (apropiándose críticamente) a lo original y auténtico, de hecho enriqueciéndolo con genuinidad y flexibilidad humana universal, sin atavismos ancestrales y cambiando la conformación económica, ideopolítica y cultural heredada y asumida hoy del sistema-mundo capitalista imperialista dominante y hegemónico.

La discusión acerca del alzamiento de los Independientes de Color y la represión gubernamental que le continuó constituye todavía, pese a la cantidad de trabajo reciente hecho en el país, un desafío para los investigadores cubanos. De ellos, sólo dos (los libros de Silvio Castro y el de María de los Ángeles Meriño) están dedicados por entero al tema y sólo uno (el de Castro) intenta una visión integradora, aunque sin aportar datos nuevos. Los enigmas por resolver son disímiles, pero uno es especialmente inquietante: el que trataría del por qué la directiva de los Independientes no desplazó su lucha hacia los marcos (ampliación de su base social y creación de un Partido Obrero, que integraría a blancos y negros) propuestos por Morúa. Mientras que no pocas opiniones contemporáneas destacan en Estenoz su clarividencia, al comprender que las estructuras de la República sólo podían mantener e incluso intensificar el viejo racismo que sólo cambiaría de vestimenta (con lo cual, desde bien temprano, se adelantaría en el tiempo y conectaría con la mirada que, desde hoy, vertemos sobre el pasado); en paralelo a ello, es también cierto que la incapacidad de dicha directiva, para traspasar la barrera racial e intentar una solidaridad de todos los marginados en la fecha, nos resulta extraña y hace del movimiento una jugada política divisoria y regresiva. Portuondo Linares, en su libro Los Independientes de color, cita una carta “dirigida por Morúa a un líder obrero portuario de la Habana”, con fecha 15 de junio de 1903, para citar de allí el siguiente párrafo:
“Los obreros de Cuba no pueden, como algunos pretenden, afiliarse a un solo partido político, porque cualquiera que sea su filiación, tienen la necesidad suprema, en su clase, que los obliga a buscar en todos los programas la resolución que a sus intereses colectivos corresponde como obreros.”
Portuondo Linares, Serafín. El Partido Independiente de Color. La Habana: Editorial Caminos, 2002. Pg. 55.

A reserva de mejor explicación, hay que aceptar la conclusión de Portuondo Linares como un ejemplo perfecto de contaminación o interés personal al interpretar un documento, pues de lo anterior infiere que: “hay que creer más en lo que expresó Morúa en 1903, y mantuvo, hasta 1910, como su verdadero criterio, que en la retirada táctica que hizo en su observación aclaratoria.” La mala lectura aquí está en proponer uno de los criterios como el verdadero, con independencia de que fue pronunciado 7 años antes que el criticado.
Una muestra última de la clarividencia concedida a Estenoz está en que, según Portuondo Linares, haya figurado entre la minoría que, en reunión del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Independiente de Color, celebrada a inicios de mayo de 1912, se opuso al alzamiento. Sin embargo, igual es posible una lectura que indique la necesidad de profundizar en dirección a las fracturas que había en el interior de los Independientes y sus motivaciones, pues como mismo interesa entonces conocer por qué Estenoz no compartió la idea de recurrir al alzamiento (aunque luego haya acatado la decisión del resto de sus compañeros, cosa que –por demás- se vería obligado a hacer, al menos para no perder su condición de líder principal), igual merecen ser sabidas las razones por las cuales una parte de los clubes fundados en el país –tras la ilegalización del Partido en 1910- aceptan la decisión y deciden disolverse. ¿Significó esto que dichas personas renunciaron a toda forma de lucha por la igualdad racial y el mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos negros de la época? ¿O asumieron otras formas ajenas a la revuelta y trasladaron su demanda en unidad con otros sectores pobres del país?
En esta línea de explorar lo posible, igual vale la pena investigar los hechos alrededor de la visita de Orestes Ferrara (por entonces Presidente de la Cámara) a Washington, el día 7 de junio de 1912, con la misión de asegurar al Presidente de los Estados Unidos que no iba a ser necesaria una tercera, e impredecible en sus consecuencias, intervención en Cuba. También la cantidad real de los asesinados es asunto de interés que, si bien no excluye la existencia de una masacre, puede contribuir a atemperar la idea de un odio racial extendido a lo largo y ancho del país, ya fuese de manera activa o cómplice. En relación a esto último, se extraña en el cuadro las reacciones de los distintos grupos que –si bien aceptaron la represión de un hecho que violaba el orden constitucional- pudieron haber estado en contra de la desmesura de la represión. En cuanto a la desmesura, la cantidad y, sobre todo, calidad de la fuerza militar movilizada para la represión (prácticamente todo el Ejército Nacional, prácticamente recién creado), tuvo que dar lugar a un espectáculo impactante por donde quiera que sus efectivos pasaron; esa huella, dispersa en decenas de periódicos locales, de la primera acción militar de dicho ejército, merece ser rastreada, así como la presencia simbólica en él de la ametralladora (que igual se utilizaba por primera vez en el país). Las maniobras de los conservadores, tanto para hacer abortar la Enmienda Morúa, como para restar credibilidad a José Miguel Gómez o para conseguir la liberación de los alzados capturados.
En fin, quedemos a la espera de nuevos y más trabajos que aborden, en general, las dinámicas de racialidad tanto en sus manifestaciones pasadas como en la Cuba de hoy.

Publicado en CubaLiteraria

http://www.cubaliteraria.cu/delacuba/seccion.php?s_Seccion=74

EXPLOSIÓN SUPREMA: LOS RAPEROS DEL TERROR.

por Ismael González Castañer.


Para el común, Explosión Suprema serían cuatro negrones (“Tan solo por tener seis pies de altura/ o tener la piel morena o la tez oscura/ debo ser víctima de tu incultura”, denuncian en su antológica pieza Alerta), a los que las muchachitas (atraídas por su porte, sensualidad o serpenteo) descaradamente calificarían de mangones: “Porque su actuación —justificaría una de ellas, sofocada— nos deja siempre listas, preparadas [como agua] para el cho-co-la-te-o”.


-Michel Hermida Martínez: Maikel Miki Flow: 15-11-1976. Mulato. Operador de audio, gastronómico. Madre bailarina de Tropicana, retirada. Básquet. Breakdance. Su rap Pienso llama a la fraternidad. Último en entrar al grupo, en el 99.

-Isaac Amado Torres Frómeta: Criminale Flow: 9-6-1979. Moro. Mecánico de Taller. Estudia Sociocultural en la Universidad. Su rap Mastica Flow revela la “agresividad estética” de Explosión Suprema. Pasatiempo: el cine, en todas sus manifestaciones.

-Reynor Hernández Fernández: Mahoma: 19-9-1979. Negro. Director-fundador del grupo. Técnico pruebas funcionales respiratorias. Madre Dra. Leonor Fernández Ibáñez, representante del grupo. Su rap Mahoma habla de la voluntad para alcanzar una meta. Especialidad culinaria: Congrí al Escalope.

-Etián Arnau Lizaire: Brebaje Man: 9-1-1981. Muy prieto y delgado. Fundador de Explosión Suprema. Básquet. Breakdance. Su rap Jode expresa la atención que debe primar en el trato con cualquier tipo de persona. Cocina el mejor Puré de Papas-Huevo-Mantequilla de todo Alamar.



Una noche cualquiera de peña rapera, el anunciador juega con la palabra “explotar” y la sala —formándole mejor bulla y euforia que a los conjuntos precedentes— ya sabe que viene —literalmente— la agrupación más representativa del panorama rapero. ¿Lo será de verdad, será la más? Existe sólo un teléfono que lo puede confirmar… Primero sale Michel con guayabera y bermuda de amplia pata [shortpeta —dicen los más jóvenes]; pelado bajito; hace círculos con el brazo como si operara acetatos a la manera del DJ; baja corriendo a la primera fila, choca palmas, sortea agentes, corretea más por los laterales, vuelve. Segundo entra Isaac con grelos [dreadlocks: haces rizomáticos de cabellos rizos colgando por toda la cabeza], cinta azul tapando la frente, gafas oscurísimas, camiseta blanca; trae agarrado un pomo plástico de agua [se adquieren sólo en verdehalago]; rapea en guardia flexionando las piernas en forma de “tijeras”. Tercero: Etián toma el micro completamente hacia arriba haciéndolo topar con la visera de su gorra tipo pescador de agujas; marca el tema con el pie siniestro; su rostro molesto emite una voz aguda e incisiva que enardece a la afición. Cuarto: Reynor ya tiene la vena de la sien y la del cuello, grosas, y ondea la pinta, el pañuelo con su mano derecha como si sacudiera una gallina/ cual estopa/ estropajo. Ahora los cuatro corean “¡Cómo tú te pones cada vez que me ves!” y el público, de pie, con ritmo, gritando “¡OYE, SÍ!”, le dirige su índice en señal de total aceptación. Todos son diestros, aunque no se dan la mano al encontrarse, sino un beso hermano. No se han tatuado porque, o bien no hallan diseño matador, o bien no acaban sus problemas económicos, aunque el caso de Etián es estéticamente contundente: «Soy muy oscuro, no luciría el dibujo en mi piel». El interés por la Pelota sólo se produce al final, justo en los Play-off, aunque Reynor es más “novelero”. Michel ya tiene un nombre en la Regla de Ocha por Changó, y Etián posee su iniciática Mano Verde-Amarella. Explosión Suprema tuvo su primera presentación pública el 12-13 de octubre de 1998 en “la Chusmita” de Alamar, junto a grupos como Hermanos de Causa, Trampa Explosiva, y Lobo Marginal. No pertenecen a la Agencia Cubana de Rap.


¿Por qué el nombre Explosión Suprema?


Para que cada actuación —argumenta Reynor-Mahoma— sea un gran estruendo que impacte la conciencia del público. Algo distinto, no esperado; algo tan grande que deje a la gente excitada; algo deslumbrante.

Explosión Suprema es eso mismo, una bomba —reitera Michel produciendo la onomatopeya TÁKATA al chocar, de canto, su mano derecha contra la izquierda—: la palabra rap.

Conversando acerca de cómo perdura el cliché El negro está excepcionalmente dotado para el deporte y la música, caímos en que todavía, si deseamos convertirnos en médicos o ingenieros —como dijo el célebre realizador afronorteamericano Spike Lee— tenemos que ser “diez veces mejores”. ¿Qué opinión les merece la filosofía noruega del emblema de un festival de jazz sueco: “La música me salvo del deporte”?

Reynor-Mahoma: La música tiene la virtud de reproducir mis pensamientos. El deporte me encanta; pero más como un hobby natural que me sana y ayuda a despejar.

Etián-Brebaje Man: La música forma parte de mi trabajo, tengo planes con ella. El deporte, para mí, es un vicio saludable.

A Michel-Maikel Miki Flow ambas cosas —música y deporte— ni le salvaron ni le restaron: Han sido parte de mi vida —dice— en todo lo que soy. Miki agrega: Hubiera podido ser médico o ingeniero también: la mamá de Reynor es la directora provincial de Neumología, y es negra.


¿Cómo es un día de creación?


Etián-Brebaje Man habla de lo engorroso que resulta trasladarse de Micro 10 a La Habana para realizar backgrounds. Pero después que llegamos —asegura contento—, que empezamos la pincha, y que está saliendo buena, te da la alegría esa de saber que lo que tú quieres, o sea tu trabajo, lo estás haciendo bien hecho. El ánimo sube por completo.

Reynor-Mahoma cuenta que terminado el trabajo, no vive hasta mostrarlo también a su mamá y amistades del barrio: «Un criterio siempre vale, influye».

Michel-Maikel Miki Flow: Reynor, la mayoría de las veces, hace un tema entero y lo distribuye entre nosotros: “Mira, tú cantas aquí, tu empiezas allá”. Cuando el tema es mío, entonces hago yo la distribución. Después, cada cual arregla su parte de acuerdo con la forma que canta. También tenemos cosas solos: Mahoma, Reynor; Jode, Etián; Mastica Flow, Isaac; y Pienso, yo. Cada una nos define personalmente.

Reynor dice que en Mahoma aconseja al que tiene talento, que vaya a explotarlo. De nada sirve estar en tu casa diciéndote “Soy el mejor en esto, soy el mejor en lo otro” y no seas capaz de desarrollarlo. La loma es el objetivo; y Mahoma, la persona o el talento de la persona.

Para Jode explica Etián: Hablando chabacano como hablo yo, refiero que uno tiene que estar en talla con la gente. No es que tú seas malo, ni que busques problema, ni que te metas con nadie. No. Sino que tienes que estar en talla [en este caso: atento, alerta] con el que se te acerca en buena forma, en mala forma, como quiera.


M-M M F: Pienso es el llamado que hacemos a la gente y a los demás raperos: “¡Oye, vamos a unirnos, y vamos a formar cosa aquí!”. También hablo de otras cosas que están pasando. Hay mucho talento pero algunas instituciones no les da oportunidad de demostrarlo. Entonces, nos duele durísimo, muchísimo, por ejemplo, que un extranjero valla a estas instituciones, buscándonos, y no nos vea allí porque no pertenecemos todavía a ella, ¿me entiendes? También, con Pienso digo lo que está pasando en Alamar: Antes, el movimiento Jipó (Hip Hop) en Alamar era el más fuerte que había. No es por lo comercial y el reguetón, sino porque está solamente en Alamar —puedes cantar lo que quieras porque cada cual hace lo que le gusta; tú puedes ser comercial, a mi no me gusta, pero si a ti te gusta, ya, a ti te gusta; pero ¡mi hermano, sal de Alamar! Tienes que ir al Vedado, a Buena Vista, pa que la gente te conozca, pa que sepan lo que haces.

No escogieron la escultura o la trova como medio de expresión; escogieron el rap. ¿Cómo llegó la vocación?

R-M: Cuando chicos, Etián y yo cantábamos raps por la calle en un inglés que nunca existió. Un inglés inventao de esos. Y tuvimos un debate con un trovador, Yamni, acerca de qué género era mejor. Apostamos para ver quién hablaba más. Esto fue el impulso para que fundáramos el grupo. Nuestro primer número se llama El guitarrista nunca se acaba. Lo tengo archivado. El papel ya está amarillo. Por el 96. Primera canción que hicimos. Algún día la sacaré, como un remember… Escogí el rap porque pienso que es más abierto; comunica tanto como expresa con proyecciones y palabras y con la imagen de uno mismo.


E-BM asegura que escogió el rap porque ya venía con él. Para corroborarlo, rememora cómo él y un amigo de la infancia —Michel Biel— ya bailaban breakdance desde tercer grado en la Primaria. —Yo hacía una cosa que ahora no puedo hacer: me tiraba en el piso y daba una pila ‘e güelta —lamenta Etián, ¡que tan sólo posee 23 años! En el Pre comienza a escuchar y cantar números de Primera Base y Anónimo Consejo; se mete en Teatro y empieza a componer con Reynor.

Ya como grupo —comenta R-M—, hicimos la audición en La Madriguera [sede de la Asociación Hermanos Saíz de Ciudad Habana, Quinta de los Molinos del Rey] para el Festival del 98 y no la pasamos. Novatos al fin, cantamos paraos como una estatua. Hicimos la expresión; pero vocal, no corporal ni nada.

Me dirijo a Michel-Maikel Miki Flow: ¿Cómo los conociste; cómo llegó a ti la vocación?


M-MMF: Desde los 15 años vivo en Alamar. Este [se refiere a Reynor] y yo nos conocimos de jevitas y esa bobería, de la discoteca, del barrio; y a este [se refiere a Etián] del básquet y esas cosas. Siempre fui bailador, lo mío era bailar. Siempre estaba en los retos, retándome con la gente por ahí con esos bailes —breakdance, pigüe, soultrain—; le descargaba muchísimo a to esos bailes…Y ná, jugando básquet Etián me echaba rapeando. “Yo también, mi hermano; no te ponga pa eso, yo también”, le decía, hasta que me propuso ‘Hagamos un tema’, y hacemos uno supercómico —Porteros del infierno, evoca Etián y se ríen—. Etián habla con Reynor para que yo esté en el grupo. Reynor me dijo: “Oye Michel, a partir de mañana cantas con nosotros. Te tienes que aprender esto y aprenderte lo otro”. No podía creerlo y pa ver si era verdad le dije ‘Vamos pa tu casa a buscar los papeles’. Fuimos payá y tremenda locura formamos, y todo bien, y hasta hoy.

Algún que otro especialista cree que el rap no es un género musical propiamente, sino una modalidad oral de la comunicación contemporánea a secas —como pueden serlo la narración oral escénica, un performance, la docencia—, mientras que para el campesino griego, aún, “la poesía es el lenguaje que canta/ un poeta es un cantor”. ¿Cómo define, cómo caracteriza Explosión Suprema su arte?

R-M: No veo diferencias. Para mí el rap es melódico también. Su lenguaje es más crudo, más natural, menos ficticio, por ejemplo, que el lenguaje de la salsa. Nuestro hacer es más “a secas”. El arenbí [R&B: Siglas del ritmo afroamericano que llamamos moña] es más cantado.

E-BM protesta: No tiene diferencia con nada. Tiene background, notas musicales, la letra posee mensaje. Si no lo quieren entender, por la manera en que se dice, son otros 20°°.

M-MMF: El rap viene también de lo que hacía Martin Luther King, o Malcom X en sus discursos políticos —hablar con cierto ritmo y cadencia para transportar las ideas—. Y los esclavos.

E-BM —entre onomatopeyas que inventa para la mocha cortadora y para la percusión del cencerro de las congas— me dirige esta especulación: ¿No piensas que hubo un esclavo que le hacía así —“chús-chús”— a la caña, y que haciéndolo —Se ponía a hablar mal del mayoral —interviene R-M— cantaría “Machetona machetona mache-chús aé”, obteniendo un ritmo —“quinti-quitinqui/ quinti-quitinqui”?

R-M: La virtud del rapero es que opaca la música con su mensaje; y se fija más en el contenido de las palabras que en el musical.

Por fin, ¿cómo caracterizarían el rap que hacen?

E-BM: Underground con mensaje. Ahora, que en un tema hablemos de las flores… adapta las flores al rap underground que hacemos y saca conclusiones. Nuestra forma de vida es underground, no porque seamos unos indeseables —me falta un diente, y cualquiera me compara con el más malo de la película, ¡y mentira!, normal.

Asentimos bajando la cabeza y nos sorprende el autostop del pequeño grabador de la entrevista. Entonces, leo algunos momentos del concepto “Hip Hop Revolución” que Anónimo Consejo puntualizara en el No. 1 de Movimiento (Definirnos fuera de la polémica comercial-underground/ Vestirnos tradicionalmente y con símbolos revolucionarios/ Tomar las cosas como son y revolucionarlas/ Cantar de manera valiente, atrevida, sin ambigüedad, sin rodeos/ Revolución de pensamiento, de forma de escribir, de expresarse y representar la vida), y les pregunto: ¿Qué es Explosión Suprema en el concepto “Hip Hop Revolución”?

R-M: Para mí es progresar. HHR es cambio para bien, mejoramiento.

M-MMF + E-BM expresan que aunque no tengan una canción que hable de la Revolución directamente, o de la historia cubana, o la solidaridad internacional, aún así están dentro de esto y lo defienden.


¿Qué sería lo específico de Explosión Suprema en el concepto?


—Lo natural —responden—. Ser siempre lo que tú eres; no querer ser lo que tú no eres. Eso es HHR. Tu idea, tus pensamientos, la razón por la que vives, por la que haces música, todas esas cosas son HHR, para nosotros. Hay gente que adopta la frase sin haberle visto el sentido, el objetivo, el símbolo; lo ven como “cantarle a la patria”, “cantar con rebeldía —el que grita más, el que más fuerte dice las cosas, “ponerse una gorra verde”— y es eso y mucho más.

Y declaran su acuerdo con el mensaje Globalizar un futuro mejor que Adeyeme y Sekuo, los militantes de Anónimo Consejo —a quienes consideran “los Van Van del rap cubano”— dan en sus presentaciones.

KrsOne menciona nueve elementos caracterizadores del Hip Hop: Breakdance, Emcee [Maestro de ceremonias], Graffiti, DJ, Beatboxin [Sonidos con la boca], la Moda Callejera, el Lenguaje Callejero, el Conocimiento Callejero, y el Arte de los Negocios Callejeros. ¿Cómo se reflejan en nuestro país?

R-M confiesa que no sabe dibujar. Por falta de recursos siempre han sonificado con la boca. Consideran que el Conocimiento Callejero (modos de comportarse y cosas que no se aprenden ni en la casa ni en la escuela) sí define al Hip Hop: “Superválido; ahí es donde nos identificamos con el público; la mayoría son jóvenes que están en la calle, que están estudiando, o que tal vez no hacen nada en un momento determinado; y esta es la oportunidad de nosotros cogerlos y meterles mensaje”. E-BM no reconoce al Arte del Negocio Callejero vinculado al Jipó, sino más bien lo incluye en el arte de la vida. M-MMF hace Graffiti, y especifica cómo vender drogas, armas, traficar autos, robar TV y computadoras, forma parte (o formó) del mundo de mucho rapero americano en su país, no aquí en Cuba. “El negocio aquí —aseguran— es vender nuestra propia música.

Los criminales matan el sábado

Isaac-Criminale Flow empezó a rapear por puro embullo; escribe generalmente los días lluviosos porque alcanza un alto nivel de relajación; para él, “Hip Hop Revolución” es perfeccionar, lo mismo que un escultor quita lo basto y grosero del madero que en obra convertirá; cuestiona que el Lenguaje, Conocimiento y Arte del Negocio callejeros formen parte del movimiento cubano.

Expresiones usajonas que no forman parte del lenguaje estándar dado su carácter marcadamente coloquial, obsceno u ofensivo distinguen a Explosión Suprema. ¿Por qué motherfucker y no malas palabras directamente?

I-CF: Se trata de cómo decirla y del momento justo donde ubicarla en la canción. Hay momentos en que puede sonar más crudo, más burdo, más underground.

R-M: Homenaje al gran patrón mundial del rap, que, aunque no se quiera, es la guía del rapero cubano.

M-MMF: La aprovechamos para decir lo que queremos y no podemos realmente; ahí es donde cumple su función.

Aunque Hermanos de Causa en el No. 1 de Movimiento habló muy bien del concepto “agresividad”, ¿cómo lo ve Explosión?

R-M: Si cantas con una onda crítica sin ser agresivo, no se verá. Como hacemos música protesta, entre consejos y otras cosas, si no hablas fuerte, no tendrá sentido.

I-CF: Se supone que escribes algo para acompañarlo con el cuerpo. En una canción que tengo [Mastica Flow] declaro que mi cantar es agresivo; pero no estoy incitando al público a la violencia. Es sólo un modo de actuar violentamente.

M-MMF: No puedes ir por la calle todo el tiempo peleando “¡Oye qué te pasa!” La canción es el momento para dejar salir ese yo que uno tiene escondido. No puedes violentarte a toda hora.

I-CF: Es transformar toda esa energía negativa que tienes dentro, y hacerla llegar al público de otra forma, en un mensaje.

¿Qué esperan de veras de la Agencia Cubana de Rap?

R-M: La Agencia podría ser una gran institución y una gran defensa para el Hip Hop...

Esto del rap, ¿no es una perreta de ustedes, algo de juventud, una muchachada? ¿Creen que podrían vivir del rap el resto de sus vidas? ¿Se ven en el futuro?

I-CF: Estamos probaos. Hemos pasado por un millón de cosas…

Después de escuchar varias anécdotas sobre los obstáculos que han sufrido en su carrera de raperos, para que se percaten de que los que entiendo perfectamente, les canto “Persistiré/ aunque el mundo me niegue toda la razón”, un bolero popularizado por Elena Burke, «la señora sentimiento». Entonces Michel, totalmente excitado, declara: Lo que más me gusta de todo esto, lo mejor de todo esto es que, al final, cada uno practica el mismo sueño, ¿oíste? Dentro del mismo grupo. ¡Cóño, asere, ¿tú te imaginas nosotros…una pila ‘e GRAMMY? Es una cosa que está loca; pero… ¿te imaginas?

Bueno, dejémoslo aquí.

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OJO PARA EL DISEÑADOR

Biblioteca de Explosión

¿Qué lecturas de su infancia recuerda con mayor agrado? La Edad de Oro, Los Tres Mosqueteros, y La Historia de Elpidio Valdés. ¿Tiene algún libro permanentemente en su mesita de noche? La Santa Biblia. ¿Cuáles son los últimos libros que ha leído? Pasajes de la Guerra Revolucionaria. Los Independientes de Color. Diccionario Cubano de Términos Populares y Vulgares. ¿Qué libro recomendaría incondicionalmente a sus amigos? Vindicación de Cuba, y La Biblia. ¿Y a sus enemigos? Biblia.

La Suprema compactoteca

-Jay Z: Mezcla moña con rap clásico al utilizar fondo light. Planet Asia: Fondo marcadamente melódico. «Cosas suaves pa descargar. Cosas relajadas». Mos Def: «Con background lírico hablan fuerte: no necesito la bulla del rap encima de mí to el tiempo», dice Michel. M.O.P. FlipMode Squad.

-Van Van, Manolito Simoné, Emiliano Salvador, Los Muñequitos de Matanzas. Marc Anthony.

-U2.


JUAN FRANCISCO MANZANO.

[esclavo]Poeta, 1797-1854 Primer poeta negro de la historiografia literaria de Cuba

Treinta años

Cuando miro al espacio que he corrido,/ desde la cuna hasta el presente día,/ tiemblo, y saludo a la fortuna mía/ más de terror que de atención movido./ Sorpréndeme la lucha que he podido/ Sostener contra suerte tan impía,/ Si tal puede llamarse la porfía/ De mi infelice ser, al mal nacido/ Treinta años ha que conocí la tierra;/ Treinta años ha que en gemido estado/ Triste infortunio por do quier me asalta/ Más nada es para mí la cruda guerra/ Que en vano suspirar he soportado,/ Si la calculo, ¡oh Dios! con la que falta.


Partido Independiente de Color [ CUBA 1912]

GUSTAVO URRUTIA

Columna “Ideales de una Raza” Diario de la Marina, (La Habana, abril 25 de 1928, p.7)
EL DIAGNÓSTICO
No puede negarse (que con negarlo no se oculta), ni hay por qué ocultarlo tampoco, que en Cuba existe lo que, por ser breves llamemos “prejuicio racial”; y habiendo dejado que este problema delicado se resuelva por sí mismo, como hacemos con nuestros asuntos más vitales, hay que reconocer, a la vez, que algo se ha mejorado en el tiempo que nos separa de la esclavitud. Y aquí me tienen [sic] ustedes ya hecho un magíster, echándome encima la responsabilidad de pretender señalar soluciones, y, por supuesto, al borde del ridículo más divertido de la época ¡Qué osadía…! El hombre se ha colado en el circo con su megáfono en ristre, hablando claro, haciendo afirmaciones rotundas, pretendiendo “entrarle” a un asunto delicado, tan espinoso, tan pasional, sobre el cual han discurrido tantos hombres esclarecidos en el mundo…! No hay caso, es el mismo de siempre, el de los climas cálidos…; el de la Cruz Milagrosa; el chiflado [sic] Pero no haya alarma, señores. Esto no es más que un ejercicio mental que me ha recitado un alienista para ver si… me regenero.

ARTE/FINAL [Julio Moracen]

Cautivo en un tambor tamani

coco

camino

ceiba

cementerio

Hice el viaje como un pez

Ochosí, el cazador

de una sola flecha

Me engañó con azúcar

Me engañó con azúcar y melaza.

Alberto Guerra Naranjo

Cuba, Escritor, 1963.







Premio de cuento de la revista La Gaceta de Cuba 1997 y 1999. Tiene publicados el libro de cuentos Blasfemia del escriba (Letras Cubanas, 2000).


Buscavidas (novela inédita.)Fragmento



[…] mientras la cafetera hervía a punto de botarse, recordó a Julio Cortázar. J.L tomó un paño con la mayor rapidez. Preparó medio vaso, se dio un buche del líquido humeante y quiso fumar. Pero faltaban los cigarros. Cortázar sí era un escritor del carajo, se dijo, de esos que no lo piensan dos veces para entrarle a la página. Cortázar, tremendo tipo Cortázar. Decidió bajar las escaleras, cruzar la calle, mirar de reojo al vendedor de churros, a la gente en la parada, llegarse hasta la esquina y comprar unos cuantos cigarros. Escribir no se puede sin cigarros, se dijo frente al viejo que los vende.

-¿Cuántos quieres?

- Deme diez.

¿Habría pasado el genial Julio Cortázar por los mismos pasmes que a él le sucedían? ¿Habría comprado cigarro a menudeo a un viejo renqueante, que contaría el dinero con una calma increíble antes de echarlo en el platico del bisne? ¿Habría sabido qué coño era bisne, qué coño cigarro a menudeo? ¿Habría arrastrado un colchón por la ciudad por tirarle un cabo a un par de marginales? ¿Habría trabajado alguna vez de C.V.P, en alguna empresita de París o Buenos Aires? ¿Habría corrido detrás de un extranjero para tumbarle unos fulas e ir tirando? ¿Habría pasado los mismos trabajos para escribir una cabrona palabra? El viejo trajo los cigarros y se quedó mirándolo.

- ¿Algún problema, muchacho?

- Nada, Prendes, pensaba un poco.

- Un consejo, muchacho: Estos tiempos no son para pensar. ¿Vas a comprar café?

- Gracias, Prendes, colé ahora mismo.

Esquinados en el borde de la mesa, el medio vaso y los cigarros serían testigos de las primeras palabras que recibiría la hoja en blanco. Ellas, las palabras, antes de inscribirse a través de las teclas, tendrían que aferrarse primero en la mente de J.L y luego ser paladeadas como si fueran dulce cocinado por su esposa. Eso era escribir. Eso y algo más que fumarse otro cigarro o pararse y caminar a la ventana para contemplar otra vez al vendedor de churros. J.L tuvo miedo ese martes. Un escalofrío le advirtió que sus pasos anteriores sólo eran pretextos para demorar el comienzo. Toda la fuerza de la Literatura estaba en el comienzo. Ningún escritor de ficciones que respetase el oficio podía darse el lujo de no meditarlo. Mirar por la ventana no lo salvaría de escribir, se dijo. Pero era un alivio ante la imposibilidad de encontrar una frase. La buena frase. Cada cual en la calle era presa de sus propias intenciones: los vecinos, los viejos con jabas camino a la bodega, la gente en la parada, las mujeres, el par de mecánicos debajo de un carro. Menos él, todos tenían prefigurado su comienzo. El vendedor de churros, por ejemplo, lo aseguraba con una eterna metafísica: Llegar temprano, calentar la manteca, colocar la harina con azúcar y pregonar churros, churros, vaya tu churro aquí. Pero con el escritor que intentaba la creación las posibilidades eran infinitas. Aunque la historia que pensaba escribir estuviese muy clara, los personajes, e incluso el tono, faltaban las palabras del comienzo. Llevaba días estrujando cuartillas sin que aparecieran. Hoy no me puede pasar lo mismo, se dijo. Dejó caer el cigarro hacia la calle, soltó el humo y se prometió no volver a la ventana hasta que escribiese una frase. La buena frase. Cuando estuvo otra vez frente a la Royal cerró los ojos, respiró profundo, puso las manos sobre el borde de la mesa, trató de pensar en la página en blanco y se maldijo. Finalmente se maldijo. Alguien había tocado la puerta.






























































MATRIZ DE IDENTIDAD:LIBROS

  • BENITEZ ROJO, Antonio - La Isla que se repite, Editorial Casiopea, Barcelona,1998.
  • FANON, Frantz - Peau Noire Masque Blancs, Editions du Seuil, Paris, 1992.
  • MUNANGA, Kabenguele. Negritude: usos e sentidos. São Paulo, Ática, 1988.
  • ORTIZ, Fernando.Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, La Habana: Jesus Montero Editor, 1940.