Salvador, Bahía, 17 de Diciembre de 2008
Su Excelencia General de Ejército Raúl Castro Ruz
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros
Palacio de la Revolución
Plaza de la Revolución
La Habana, Cuba.
Señor presidente,
Si me dirijo a usted por medio de esta Carta Abierta, es porque esa es la única forma que tengo de llegar directamente a usted, y también porque quiero que mis conciudadanos y todos aquellos que en el mundo se interesan por los problemas vitales de nuestra época, se enteren de lo que aquí le expongo.
Tanto usted, descendiente de europeos nacidos en España, como yo, descendiente de africanos nacidos en el Caribe, somos Cubanos, pero ese hecho no nos confiere ningún privilegio específico como humanos, sino el derecho de tener una voz en los destinos del país en que nacimos. Uso de ese derecho sin apología.
Se que un mundo de divergencias separan nuestras respectivas concepciones sobre la vida, las relaciones sociales, la manera de conducir los destinos de nuestro país y, en fin, la interpretación de aquellas realidades que impactan la vida cotidiana de los cubanos de manera negativa. Pero, usted como mandatario de nuestro país, y yo como ciudadano de ese mismo país, tenemos en común el hecho que, sean cuales sean nuestras divergencias, compartimos la responsabilidad de transformar nuestro presente social, así como la responsabilidad de moldear nuestro futuro colectivo como nación. De la acción o inacción de cada cubano, sea cual sea su rango social, genero, raza, orientación sexual, o convicción política, dependerá el porvenir de todos.
Siempre apoye y respete la soberanía nacional, y por eso siempre me opuse a cualquier medida, sea el embargo económico o las amenazas contra el territorio nacional, que pudieran colocar la independencia de Cuba en peligro o lesionar los intereses de su población. Pero también, y por las mismas razones, siempre abogué por el derecho inalienable del pueblo de Cuba, o de cualquier pueblo, a dirigir su proprio destino mediante instituciones representativas y con dirigentes que elige en comicios libres y verdaderamente democráticos; es decir, en elecciones donde estén en pleito diferentes ideas representadas por movimientos y partidos organizados, con plataformas políticas y propuestas sociales realmente independientes y diferentes. Estimo que solo así puede un pueblo ejercer su derecho a optar por lo que mejor le convenga. Por lo tanto, soy enemigo de cualquier dictadura o sistema totalitario, sea de la llamada derecha o de la denominada izquierda, y no comparto la opinión de que la democracia sea un lujo reservado a los burgueses.
No voy a pasar por cuatro caminos para manifestarle mi solida convicción de que el racismo, fenómeno que impera en nuestro país y que cada vez cobra nuevos espacios en la vida política, económica y cultural de la nación, es el mayor, mas grave y mas tenaz problema que confronta la sociedad cubana.
Si dejamos a un lado los discursos grandilocuentes, pero vacios, y las declaraciones contundentes, pero engañadoras, sobre la supuesta liquidación del racismo y la discriminación racial en Cuba, aparecerá ante nuestros ojos un mundo concreto de desigualdades e iniquidades socio-raciales que fuera conformado por siglos y siglos de opresión racial y de odio contra la raza negra. Ese fue el mundo que concretamente heredó la Revolución que llegó al poder en 1959, pero que los dirigentes de esta ultima se mostraron incapaces de interpretar correctamente, por ser hombres y mujeres procedentes, como lo eran, de las clases medias blancas que siempre dominaron el país y monopolizaron su dirección política y económica.
La hegemonía blanca, con su concomitante racismo, es una realidad histórica que el gobierno revolucionario, lejos de destruir, contribuyó a solidificar y extender cuando declaro la inexistencia del racismo, el fin de la discriminación racial y el advenimiento de una sociedad de “democracia posracial” socialista. Eso significa que tanto los dirigentes de la Revolución que tantas transformaciones sociales benéficas trajo para nuestro país, como el pueblo que le dio su apoyo al proceso revolucionario, eran rehenes del mismo pasado brutal nacido del vientre de la esclavitud racial que impusieron los europeos en estas tierras americanas. De ese vientre monstruoso surgió una sociedad racista. Por lo tanto, Cuba es hoy un país que habla con dos voces totalmente distintas, una blanca y otra negra, aunque as veces estas se hayan fundido, temporariamente, en momentos específicos de nuestra historia común.
Señor presidente,
Es un hecho consabido que Cuba socialista fue el único país en el mundo que proclamó, públicamente, que había eliminado el racismo y la discriminación racial, y empoderado a la población negra. Consecuentemente, el gobierno revolucionario reprimió, persiguió y forzó al exilio a todos aquellos negros, intelectuales o trabajadores, que sostuvieron lo contrario. Para estos últimos, fueron reservados los campos de trabajo forzado, las cárceles, el manicomio o el exilio. A ellos se les tildo de de “racistas al revés”, de “agentes del imperialismo”, de “contrarrevolucionarios”, de “racistas negros”, y hasta de ser “instrumentos de la CIA”.
Grandes pensadores negros, como el Dr. Juan René Betancourt Bencomo o el profesor Walterio Carbonell, pagaron un precio muy alto por haberse alzado contra la doctrina racial que fue erigida en política de Estado durante cinco décadas y que consistió en negar la existencia de la opresión racial y el racismo en Cuba bajo la Revolución. Es por esa razón que hoy los ojos del mundo se vuelven cada vez mas para nuestra supuesta “democracia posracial” para saber por que el régimen revolucionario destruyo a aquellos que se negaron a convivir con esa Gran Mentira. .
Cuba es un país donde una revolución logro derrumbar los viejos privilegios de una oligarquía republicana corrupta y sumisa ante el extranjero, pero donde hasta el día de hoy la población de raza negra, mayoritaria en el país, está confinada a jugar un papel subalterno. Las honrosas excepciones negras que ascienden a la cúpula del poder lo hacen únicamente con el beneplácito de la elite dominante, predominantemente de origen europea, y confirman así la realidad dominante basada en la subalternidad de la raza negra en Cuba después de medio siglo de revolución socialista. Esa es la realidad y negarlo seria persistir en la Gran Mentira.
El racismo es la última frontera del odio entre humanos, precisamente porque raza es la mas profunda y duradera línea divisoria que determina quienes tienen acceso privilegiado y protegido a los recursos de la sociedad, y a quienes se les vedan las oportunidades de usufructo de esos mismos recursos. El racismo es una estructura de distribución diferenciada, racialmente selectiva, de los recursos de la sociedad y del planeta, que se perpetúa a través del monopolio del poder político. Por lo tanto, se trata de un modus operandi permanente, no de una aberración; de una estructura de poder total que funciona maravillosamente bien para garantizar la permanencia del dominio de una raza especifica en detrimento de las otras, y no un mero reflejo de las simpatías y antipatías que surgen del juego interpersonal.
La mayoría de los dirigentes cubanos revolucionarios y marxistas son blancos, en un país donde la mayoría de la población es negra. Cual seria la razón para eso? Y por qué razón el racismo persiste, y se expande constantemente, abarcando cada vez mas espacios de la sociedad cubana, e impregnando las estructuras mentales individuales y colectivas en Cuba? El poder es blanco en Cuba, y la discriminación racial contra los negros cubanos cobra cada vez mas fuerza, únicamente por causa del racismo. El racismo se refuerza constantemente, no solamente en Cuba sino en todos los países, precisamente por la misma razón − porque funciona positivamente para aquellos que, en función de su raza, se benefician del acceso racialmente selectivo a los recursos de la sociedad. Si no fuera así, el racismo se hubiera desvanecido hace miles de años, como se han desvanecido tantas realidades surgidas de la imaginación creativa del ser humano.
Señor presidente,
El objetivo de esta carta es contribuir al debate que se esta desarrollando en nuestro país sobre el rumbo que habrá de tomar la nación en un momento crucial de su existencia en que deberá enfrentar los retos del nuevo milenio con políticas nuevas y verdaderamente innovadoras que resuelvan los problemas que aquejan nuestra sociedad. Con ese propósito, quiero proponerle un conjunto de medidas mínimas que me parecen necesarias para comenzar el proceso que nos lleve, ulteriormente, a todos los cubanos antirracistas y nacionalistas, a desafiar y superar la herencia del pasado. Ese pasado se manifiesta hoy en las desigualdades raciales que debilitan la unidad nacional, particularmente en momentos en que Cuba tiene la posibilidad, por primera vez en cincuenta años, de resolver su diferendo con los Estados Unidos de manera pacífica.
Pero seria hipócrita e inmoral pedir el cese del embargo/bloqueo que los Estados Unidos injustamente impusieron a Cuba, sin que los dirigentes de Cuba se comprometieran, también, a levantar el embargo/bloqueo que el régimen revolucionario le impuso a la población mayoritaria del país desde el inicio de la Revolución. Ambos embargos/bloqueos deben ser levantados, simultáneamente, sin precondiciones de ninguno de los dos lados. Y, por medio de esta carta, quiero contribuir a que nuestro país, actualmente bajo su control, encuentre la mejor manera de lograr ese objetivo en medio de un consenso que se afinca en la unidad nacional. .
Concretamente, sugiero, como un primer paso, que su gobierno tome, sin mayor tardanza, las medidas siguientes:
Establecimiento de un estado social de derecho como precondición del ejercicio democrático de la ciudadanía cubana; proscripción de todas las prácticas discriminatorias, sean de naturaleza política, de género, de raza, de orientación sexual o de confesión religiosa; liberación de todos los presos políticos en Cuba y de los presos de conciencia.
Derogación de la prohibición que se proclamo judicialmente contra las “Sociedades de Color”, instituciones históricas que forman parte del patrimonio cultural de los negros cubanos y que son indispensables como esferas diferenciadas de organización de la raza negra en Cuba; restauración del derecho de existencia y de organización de esas Sociedades, conforme a la existencia en Cuba de organizaciones del mismo tipo a favor de otras etnias (tales como, las organizaciones de cubanos de origen chino, vasco, gallego, hebreo, árabe); autorización de cualquier organización propiamente negra (cultural, social, deportiva, estudiantil, política o artística) cuya finalidad sea la lucha contra el racismo y la discriminación racial.
Rehabilitación de todas las figuras históricas y pensadores negros proscriptos y/o silenciados a lo largo de la historia de Cuba, antes y después de la Revolución, así como la publicación de las obras de militantes negros que abogaron por el cese del racismo y la discriminación racial (Rafael Serra, Evaristo Estenoz, Pedro Ivonet, Ramón Vasconcelos, Gustavo Urrutia, Juan René Betancourt Bencomo, Walterio Carbonell ….).
Condena oficial del genocidio perpetrado por el Estado cubano en 1912 contra la población negra, hecho que hasta hoy el Estado no ha reconocido de manera oficial; rehabilitación del programa político del Partido Independiente de Color (PIC) y de sus lideres históricos (Evaristo Estenoz, Pedro Ivonet y otros), en aras del restablecimiento de la memoria histórica nacional.
Autorización para la creación de un organismo nacional autónomo de Negros Cubanos, en la forma de una Fundación Nacional para Fomento del desarrollo económico de la Población Negra (FUNAFEN), para atender a los graves problemas socioeconómicos que confronta la población negra y con atribuciones para obtener fondos de carácter nacional e internacional para mejorar las condiciones de vivienda en los barrios mas pobres, crear nuevos programas específicos para la capacitación profesional de jóvenes afro-cubanos que los prepare para las demandas de la economía nacional y global.
Adopción por parte del estado cubano de nuevas medidas con relación a las remesas que sus ciudadanos reciben del exterior (y estimadas en 1.5 billones de dólares, de los cuales menos de 15% llegan a manos de la población negra); adopción de una carga impositiva sobre esas remesas que debiera establecerse al 10 % en lugar del 20 % actual; el 50 % de este último impuesto recogido por el gobierno deberá ser adjudicado automáticamente a la FUNACEN, atendiendo al hecho de que las remesas del exterior favorecen el incremento vertiginoso de las desigualdades raciales en Cuba.
Autorización para la convocación, por organizaciones autónomas dentro de Cuba, de un Congreso Nacional sobre el Racismo y la Discriminación Racial, sin interferencia de los órganos del poder; autorización para que intelectuales e militantes Afro-cubanos independientes residentes en Cuba puedan participar en una Mesa Redonda de Nacionalistas Cubanos del interior y de la Diaspora, con la finalidad de discutir estrategias de combate del racismo en Cuba..
Autorización para la creación de un Observatorio Nacional para monitorear la situación racial en Cuba y obrar a favor de la eliminación de las prácticas racialmente discriminatorias de toda índole, tanto en el dominio publico como en el campo privado.
Aadopción de medidas y políticas concretas que dignifiquen y hagan respetar el fenotipo asociado a la raza negra y que es objeto en Cuba de denigración y ridiculización, especialmente en el caso de la mujer negra; proyección positiva del fenotipo del afrocubano en todos los medios masivos de comunicación, manifestaciones culturales y formas de representación artísticas, con el fin de contrarrestar el escarnio racista reservado masivamente a los rasgos raciales asociados con la población de herencia africana (nariz, labios, color, cabello crespo, morfología…).
Criminalización formal del racismo y de la discriminación racial en todas las esferas de la vida nacional sin derecho a fianza, conforme ya se ha hecho en Brazil (Ley Cao); propuesta a la Asamblea Nacional de nuevas legislaciones específicamente designadas para castigar cualquier tipo de manifestación de discriminación o humillación racial en la esfera publica o privada.
Reconocimiento pleno de la mujer negra cubana, como protagonista extraordinario de la dignidad nacional, pero que ha sufrido y sigue sufriendo doblemente la discriminación; lanzamiento de una campaña nacional en pro de la revalorización del fenotipo especifico de la mujer afro-cubana; autorización para la creación de una Organización de Mujeres Afro-cubanas totalmente independiente de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y con capacidad para buscar financiamiento externo.
Reconocimiento de la existencia de mayorías orgánicas en el país, atendiendo principalmente a los parámetros de sexo y raza, que deberán reflejarse equitativamente en todos los órganos de decisión política, económica y cultural dado que se estima que mas del 60% de la población cubana actual es de origen africano; establecimiento de un mecanismo de representatividad progresiva que garantice la presencia efectiva de la población Afro-cubana a todos los niveles y en todas las instancias del país, y que, para comenzar, deberá alcanzar en los próximos cinco años el 35% de las posiciones claves del Partido, el Gobierno, el Parlamento, las Organizaciones de Masas, la dirección de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior, los medios masivos de difusión (en especial el cine y la televisión), la industria turística, y las empresas mixtas creadas con capital extranjero.
Reconocimiento oficial y respeto efectivo de las religiones Afro-cubanas, en pie de igualdad con las demás religiones en Cuba, mediante la instauración de un mecanismo de dialogo permanente de la dirección política del país con dichas religiones, como se ha hecho con las religiones cristianas, confiriéndoles así el lugar que legítimamente les corresponde, lo cual impulsaría el proceso de consolidación de la identidad nacional y cultural; cese inmediato de todas las prácticas oficiales o extraoficiales que resulten en la comodificación, folclorización y explotación para fines turísticos, de las religiones de origen africano, adoptándose medidas penales adecuadas que impidan su discriminación, como corresponde a un estado laico.
Imposición por ley, en todos los niveles del sistema educativo, de la enseñanza de la Historia de África y de los pueblos de origen africano en las Américas, como ya hizo Brasil (Ley 10639/03); publicación de las obras de referencia mundial que elucidan la historia de África en todos sus aspectos, y de aquellas obras que elucidan la historia del propio racismo; desarrollo de los estudios e investigaciones sobre la problemática afrocubana en la historia y en la sociedad , a fin de fortalecer la identidad nacional y levantar la auto-estima de la persona negra; creación de cátedras de estudios afro-cubanos en las universidades y de centros de estudios étnico-raciales extramuros.
Implementación de políticas públicas de acción afirmativa, como una estrategia global capaz de conducir a una equiparación socioeconómica de aquellos ciudadanos que por causa de su origen racial sufren desventajas históricamente construidas, como consecuencia de ser descendientes de las poblaciones africanas que fueron esclavizadas en Cuba, y que por lo tanto serian una forma concreta de reparación moral a la población negra.
Realización de un censo nacional basado en parámetros científicos modernos como base para evaluar la extensión de las injusticias sociales que afectan desproporcionadamente a la población Afro-cubana, y atendiendo al hecho de que los resultados de los censos realizados en los últimos cincuenta años merecen total desconfianza.
Señor presidente,
Personalmente, estoy convencido de que usted tiene consciencia de la gravedad del momento y del escaso margen de maniobra que tendría cualquier dirigente en su posición. Sin embargo, a su haber militan ciertas circunstancias favorables que deben ser aprovechadas, si el objetivo es salvar las conquistas sociales que el pueblo de Cuba logró obtener a través de la Revolución de 1959. Considero como algo benéfico, para usted y para Cuba, precisamente, el hecho de que usted no sea un líder carismático tradicional, lo cual le permite ser, en contraparte, un dirigente realista y pragmático, capaz de reconocer el peligro cuando lo ve.
Estoy convencido de que los numerosos dispositivos de inteligencia que usted tiene a su mando, la gran cantidad de institutos de investigación social que el régimen revolucionario ha creado a lo largo de las décadas, para analizar la realidad social y tomar el pulso de la población, le han proporcionado suficientes datos sociológicos, empíricos y abstractos, como para llegar a la conclusión de que algo nuevo está aconteciendo en la consciencia colectiva de la población negra mayoritaria y que ese “algo” no podrá ser satisfecho sino con un empoderamiento efectivo a partir de formas de organización legítimamente populares y surgidas desde abajo.
Llegó el momento de cambiar drásticamente, y en el plazo más breve que se pueda, la situación de la población negra en Cuba, atendiendo tanto a la urgencia que sienten aquellos que nunca tuvieron el poder, y a los problemas gigantescos que estos confrontan. Cambios profundos hay que hacer ahora, sin más pretextos o estrategias de dilación, para modificar de manera radical, permanente y abarcadora el panorama sociorracial de la sociedad cubana. No hay tiempo que perder: cada minuto de dilación es una puerta abierta a situaciones imprevistas e difíciles de ser controladas una vez que se produzcan.
Seria peligroso continuar a pensar que “a los negros no les interesa el poder”, y seguir postergando aquellas medidas sin las cuales no puede acontecer el empoderamiento verdadero de la población que es mayoría en Cuba. Es por eso que en sus manos está actualmente la posibilidad de efectuar una ruptura completa con el pasado y hacer lo que ningún dirigente que le haya precedido se atrevió a hacer: obrar a favor del empoderamiento efectivo de aquellos que desde hace más de trescientos años viven en un estado permanente de Periodo Especial.
Le he hablado en mi nombre, y solo en mi nombre. Sin embargo, se que las opiniones emitidas en esta carta tienen eco en aquellas que crecientemente están siendo formuladas en el país. Y yo se que usted lo sabe.
Con deferentes saludos nacionalistas,
Carlos Moore
Etnologo y Profesor de Relaciones Internacionales