viernes, 27 de abril de 2007

ELIO RODRIGUEZ [machoenterprise]

Cuba 1966, Artista Plástico.


EL ASALTO





FUERZA LATINA


jueves, 26 de abril de 2007

"UN PEQUENO LUGAR":REFLEXIONES SOBRE UN LIBRO DE JAMAICA KINCAID

[JULIO MORACEN]


Jamaica Kincaid nació en Antigua en 1949 y vive en los Estados Unidos. En mi último viaje a Italia encontré en un depósito de libros usados “Un pequeño lugar”(1), un librito de su autoría de 80 páginas, un ensayo o una “lamentación de grande fuerza” según Salman Rushdie. Por lo que me llama la atención este ensayo llegó a mi vida en un momento de reflexión, una vez más interrogándome sobre conceptos como imperialismo, colonialismo, creolidad,(2) y una vez más observando mi experiencia de cubano unirse a la de pesquisador convocado a realizar un distanciamiento emocional, cuando se trata de mi propia historia y de mi propia identidad.

En esta dirección Jamaica Kincaid representa la afirmación de un pensamiento divergente, aquel que sorprende al lector, distanciándose respecto al pensamiento reafirmado y reiterado que aparece continuamente como referencial banal, tautologicamente académico.

He querido releer el ensayo de Kincaid, reelaborando una síntesis estructuralmente racional, dejando que hable por si mismo el texto original.

Antigua es el pequeño lugar del que nos habla Kincaid; realmente toda isla es un pequeño lugar, por lo menos toda isla del tercer mundo, de las Antillas. ¿Podríamos decir que Capri, no más grande que Antigua es un pequeño lugar?

También Cuba es pequeña, un bello paisaje con una única ciudad, La Habana, y un “solo pueblo” acostumbrado a pensar que en el Caribe son un único depliant turístico con pocas variaciones.

Después del colonialismo histórico, que llegó al nuevo mundo para organizar con la ayuda de las naves negreras una economía de rapiña, está el colonialismo más reciente, aquel que viene incentivado con la organización de un turismo masificado, a menos que el estado de vivencia de los pequeños lugares no haya sobrepasado los límites de la tolerancia, aquellos que los tour-operadores indican como “limites de seguridad” para el viajante/turista ( Haití, por ejemplo, después de los anos '60 lo ha superado, no tanto como lugar violento sino como un país pobre, no tolerable ni para vacacionar, por lo tanto inexistente en el mundo turístico).

Siguiendo a Jamaica Kincaid como guía en nuestro viaje caribeño observamos:

la aduana donde el turista entra sin sufrir la humillación que sufriría un latino-caribeño-africano-tercermundista en la Comunidad Económica Europea, Estados Unidos o Japón; el taxi conducido peligrosamente, las calles rotas, construcciones cayendo etc, son cosas ignoradas por el turista, observar y pensar resulta disonante respecto a toda la aburrida rutina que quiere olvidar ante el sueño prometido y prepagado, por lo que el mar y la comida resultan estupefacientes siempre que el no se coloque y no le coloquen preguntas.

“lo que tu siempre sospechaste de ti en el momento que llegarías a ser un turista es verdad, un turista es una persona desagradable[…]como turista te conviertes en una persona tendida sobre cualquier lejana playa, un cuerpo inmóvil; te maravillas de la armonía y la comunión que allí se tiene de la naturaleza (la palabra que usarías en tu país seria subdesarrollo ); no te aflora ni menos el pensamiento que detrás de la puerta cerrada rían de ti por cuanto eres extraño[…]allí eres tu el diferente, tu a ellos no le gustas, ni tampoco lo puedes pensar, inclusive te sientes un poco incomodo, inclusive te sientes un poco estupido, inclusive te sientes un poco fuera de lugar. Es fatigoso ser turista, tendrás que descansar una vez llegado a tu ciudad. No es asombroso que el indígena no ame el turista: todo indígena, dondequiera que viva, lleva una vida de aplastante banalidad, aburrimiento y depresión, así que cuando los indígenas te miran a tì, el turista, te envidian, envidian la posibilidad que tienes de transformar su banalidad y su aburrimiento en una fuente de placer para ti…”

Por tanto la relación que transcurre entre indígena y turista es una relación de negación reciproca, el indígena niega al turista y viceversa, mientras, en equivalencia a la herencia colonialista histórica, se estratifica una forma de saudade retroactiva ( ¡¡ como era bella una vez la Isla!!), con una dolorosa contradicción, que también encontramos en la Kincaid, respecto a la cultura del colonizador, sus libros, su lengua con la cual ella misma expresa su propio odio, su rebelión, su utopía, sus proyectos. Así de un presente negado, se observa un futuro imposible en el que la opción del exilio es para muchos una fuga obligada.

La herencia política del colonialismo ha sido catastrófica: corrupción de los gobiernos, anulación de la oposición, la maldición de la tutela de padres salvadores que miran a los que gobiernan como niños incapaces de emancipación, y es verdad que a veces se tiene la impresión que los propios habitantes de las Islas (pequeños lugares) no poseen la capacidad de reflexionar sobre su propia historia para cambiar y progresar.

“La gente de las Islas no tiene la capacidad de ver la relación que existe entre su obsesión por la esclavitud y el hecho de ser gobernados por hombres corruptos, y no ven que estos hombres corruptos han vendido su propio país a extranjeros corruptos[…] pero el hecho de saber porqué la gente es como es, porqué hace lo que hace, porqué vive como vive, porqué las cosas que han sucedido han sucedido, ¿todo eso no podría llevar a la gente a una relación diferente con el mundo?,a una relación mas exigente, una relación en la que las personas no son victimas de cada mala idea que pasa a través de la mente humana[…]Miro a este lugar ,miro a esta gente y no sé si he sido creada por niños, eternos inocentes, o quizás por artistas en un mundo demasiado estùpido para comprenderlos, o por locos furiosos que han creado su propio manicomio, o una mezcla extraña de estas tres cosas…”

El colonialismo ha producido el Racismo, categorización que la autora presenta desde un ángulo insólito, como mala-educación, ignorancia de los conquistadores en la experiencia de las victimas.

“En la Isla había una directora de una escuela, de origen irlandés, que continuamente decía a los niños de no comportarse como monos que acaban de bajar de los árboles, nadie se puso a pensar que su comportamiento fuera “racismo”. Pensábamos que se trataba de mala- educación, de mezquindad, que era un comportamiento no cristiano, situado debajo de nuestros parámetros de humanidad, y nosotros nos sentíamos superiores porque éramos mucho más educados y delicados…”

Respecto al vulgar Capitalismo impuesto en muchos países caribeños, Jamaica Kincaid rechaza los discursos de análisis socioeconómicos, planteando su incompatibilidad con los derechos negados al pueblo, y quizás la afirmación de la autora podríamos extenderla a modelos económicos de diversa ideología, como Cuba.

“La gente como yo nunca será capaz de comprender el concepto de producto nacional bruto, la gente como yo nunca seria capaz de gestionar las cosas como ustedes, sus leyes favorecen misteriosamente solamente a ustedes. ¿Saben porqué la gente como yo teme el Capitalismo? Porqué desde que lo conocemos no hemos sido sino Capital algo similar a sacos de algodón o de azúcar, y el recuerdo de todo eso es tan fuerte, la experiencia tan cercana que claramente no podemos asumir esa idea que a ustedes le parece tan importante…”

La expropiación del conocimiento de la propia historia, incluyendo una esclavitud reducida a memoria de parada, la prohibición del disfrute del propio territorio, consignado a los hoteles y a los clubes para turistas, a viejos y nuevos depredadores, componen una circulación infectada que envenena las relaciones entre grupos sociales.

¿Que podemos hacer con proclamas / manifiestos como Elogio a la Creolidad de Patrick Chamoiseau e Rene Confiant?

“La Creolidad es la aniquilación de la falsa universalidad, del monolingüismo y la pureza. En la Creolidad se encuentra aquello que se armoniza con el "diverso", la Creolidad es nuestra sopa primitiva, nuestra perpetuación, nuestro caos original y nuestra mangrovia de potencialidad. Dirigimos a ella nuestra atención, con nuestro equipaje de errores, empujados a la necesidad de aceptarnos como individuos complejos, porqué el principio mismo de nuestra identidad es la complejidad…

De la Creolidad nosotros tomamos solo la profundidad y el conocimiento poético [...] Para evitar cualquier limitación de su definición, hay que afrontar la creolidad, según nuestra opinión,"como una cuestión de vivir", de vivir obstinadamente bajo cada luz y cada sombra de nuestro espíritu. Cuestión de vivir significa ya enriquecerse de elementos que la respuesta no posee. Vivir la cuestión de la Creolidad, en libertad total y en constante vigilancia, significa penetrar en la extensidad desconocida de su respuesta…” (Manifiesto Elogio a la Creolidad)(3)

Si de la Creolidad el Caribe representa el más fascinante paradigma, en la extrema complejidad que se articula país por país, isla por isla, región por región de un mismo territorio nacional, en el encuentro con los nuevos colonizadores es preciso también asumir una cultura de resistencia que asume en Jamaica Kincaid la afirmación púdica y testaruda de respetar y alimentar nuestra esencia humana.

“Esta Isla es solo una pequeña Isla […] Antigua es un pequeño lugar, una Islita. Tiene alrededor de quinces kilómetros de largo y unos veinte kilómetros de ancho. Fue descubierta por Cristobal Colón en 1493. Después fue colonizada por excomulgados humanos provenientes de Europa que traficaban seres humanos provenientes de África, reducidos al esclavitud pero nobles y de extirpe ilustre (no existe duda que todos los dueños de cualquier genero son excomulgados, y todos los esclavos de cualquier genero son nobles y de extirpe ilustre), por satisfacer su deseo de poder, por redimir su propia existencia infeliz, por ser menos solos y vacíos: una enfermedad europea. Al final los dueños se han ido, al final los esclavos fueron liberados. Ahora la gente de Antigua, la gente que se considera para todos los efectos antiguana (la gente en quien pensaríamos rápidamente cuando pensaríamos en los antiguanos siempre que el pensamiento nos abriera la razón), desciende de aquellos seres nobles y de extirpe ilustre, los esclavos. Es verdad que cuando dejas de ser un dueño, cuando abandonas el juego del dueño, no eres más un excomulgado, eres solamente un ser humano, con todo aquello que posees. Igualmente para los esclavos. Cuando son hombres libres son solamente seres humanos.”

Para Kincaid, aquello que es representado como accidente de un proceso histórico – la esclavitud, el colonialismo – tiene resultados centrales en la formación de las mismas estructuras cognitivas y simbólicas del Occidente.

Vemos hoy un reconocimiento de las identidades que nace de la negación del Occidente como la única medida del mundo. Algo, todavía más: la percepción difusa que los límites epistemológicos de los paradigmas etnocéntricos europeos constituyan los confines enunciativos de una serie de otras historias y voces disonantes.

La identidad del hombre permanece polimorfa. Al homo faber e economicus, al que atribuimos los progresos de civilización en nombre de un principio de realidad y de utilidad, se acompaña el homo ludens, sensible al principio de la dilapidación y de la ganancia. Y es esta componente lúdica y estética, heredera de historias y culturas extintas, con sus sobrevivientes en nichos de resistencias como las pequeñas islas permeadas de tradiciones e interacciones con el mundo occidental globalizado.

la complejidad que trae hoy de globalización, como el peor de los males, de diferentes puntos de vista lo es; ella arrastra consigo un desafío, el delinearse de un universo incierto que no es solamente el síntoma de una crisis sino la indicación de una profundización de la aventura del conocimiento, donde las respuestas posibles a los problemas que se ponen deben tomar en cuenta el máximo nivel de incertidumbre dentro de la red de todas las problemáticas, tecnológicas, científicas, epistemológicas, filosóficas, antropológicas. Sino correrán el riesgo de ser reductivas y autoritarias.

Estoy convencido que “Un pequeño lugar” de Jamaica Kincaid va en esta dirección y su contribución no es efímera.

BIBLIOGRAFIA

BENITEZ ROJO, Antonio - La Isla que se repite, Editorial Casiopea, Barcelona,1998.

BERNABE' Jean, CHAMOISEAU Patrick, CONFIANT Rafhael - Elogio della Creolità : Eloge de la Creolitè, ed. Ibis, Como-Pavia, 1999.

BOCCHI, Gianluca, CERUTI, Mario(curadores) -La sfida della complessità, Feltrinelli editore, Milano,1985.

STRAFFORD REID, Victor - "Identidad cultural del Caribe" In: Rev. Casa de las Américas, 119 La Habana, 1980.

KINCAID, Jamaica - Un posto piccolo, Adelphi Edizioni s.p.a, Milano, 2000.

Nota

Mangrovia: Planta tropical con fuertes raíces

1 El titulo original en ingles es "A Small Place" Published by arrangement with Farrar,Straus&GirouxInc.,New York,1988.

2 Este concepto lo diferenciamos de la Creolizaciòn-Mestizaje.

3 Las partes del Manifiesto fueron traducidas por mi.

jueves, 12 de abril de 2007

Sinopsis del poemario La misión, de Ismael González Castañer.













El libro “cuenta” los avatares de un misionero [cualquiera cumpliendo un deber], enfrentándose a todo tipo de obstáculo [incluido el de mayor consideración: la lengua].
El devenir lo obliga a volver sin éxito; y descubre que todos (menos él mismo) siempre supieron lo baldío del viaje. No obstante (y aun cuando “remisión” también significa “traslado a cuidados intensivos”), acepta de nuevo el encargo (ser feliz).
En realidad, La misión es la simulación de una historia aparente, el amago de contarla; y se debe leer solamente como “expresión”.



WALTERIO CARBONELL

Como surgio la cultura nacional(Fragmento)

De las acciones y reacciones de las clases antagónicas del siglo XIX emerge la conciencia nacional. Durante su curso se ha operado una “autodestrucción”ideológica y ambas clases en sus luchas han preparado su reencuentro en una esfera más elevada: la nacionalidad.
De todo esto se deduce que la conciencia nacional no es un fenómeno producido por las actividades de cuatro gatos, por muy inteligentes que sean los cuatro gatos, y justamente lo que hacen los historiadores es deducir la conciencia nacional de las actividades de los cuatro esclavistas que se reunían en el Ayuntamiento de La Habana, en el Consulado y en la Sociedad Económica. Por muy influyentes que fueran Parreño, Luz Caballero, Saco, Del Monte, en el seno de la sociedad colonial esclavista, mediante sus informes e ideas, la nación no podía haber nacido de la cabeza de estas bellas Minervas, sino de las bases mismas de la sociedad de los explotadores y de los explotados.
La conciencia nacional es un “estado” de la población, un sentimiento común a todas las clases sociales y a la mayoría de la población; si bien es un sentimiento particularmente matizado por la ideología de la clase dominante. Incluso; la “cultura nacional”, entendiendo aquí por cultura nacional no la cultura libresca que se encuentra matizada por la ideología de la clase dominante .Pero si la conciencia y la cultura nacionales de una época es la conciencia de la clase dominante como dice Marx, en esta conciencia nacional hay que tomar en cuenta lo aportada por la conciencia del pueblo que también tiene una conciencia generada por su lucha contra la clase dominante. La conciencia nacional es una amplificación extremadamente dilatada de la conciencia en bruto es decir de las ideologías, particularmente cuando su formación tiene lugar en una época en que las clases dirigentes no son dueñas del aparato político.
Todos estos fenómenos pertenecientes a la superestructura de la sociedad se encuentran situados en planos distintos, pero en nuestro país se forma con ellos un verdadero arroz con mango; se confunde “ideología” con “conciencia nacional” y “cultura nacional” con “ideología”, y esta confusión es otra de las tantas razones por la cual los movimientos reformistas y anexionistas del siglo XIX, expresiones ideológicas en estado puro, son calificadas de manifestaciones de la conciencia nacional. Y por otra parte, no existe la menor idea de cómo se opera el tránsito dialéctico de la “ideología” a la “conciencia nacional”, ni de los momentos en que la conciencia nacional aparece como una prolongación depurada de las “ideologías”


Disponible en:Biblioteca Nacional de Cuba
http://www.bnjm.cu/bnjm/

LA CULTURA NACIONAL?



Yo estaba allí cuando Tiembla Tierra, Siete Rayos y Lucero, que tal parece se habían puesto de acuerdo, llegaron juntos...
Walterio Carbonell

Roberto Zurbano

1965, Ensayista, crítico e investigador literario.
Ha obtenido diferentes premios en Cuba y su obra de crítica y ensayo es reconocida internacionalmente entre los que se destaca Poética de los noventa: Ganancias de la expresión?, (ensayo), 1994. /Los estados nacientes (Literatura cubana y postmodernidad) (ensayo), 1996.

Fragmento del ensayo “El triangulo invisible del siglo XX cubano: raza literatura y nación”

En el verano de 1961, ve la luz el libro de Walterio Carbonell Crítica: cómo surge la cultura nacional, donde su autor, un activo militante comunista desde la década de los años 40, destacado luchador por los derechos de los negros en Cuba, periodista, investigador y etnólogo formado en Francia durante los 50, revisa la historiografía nacional y hace una radical evaluación de esta, señalando sus fundamentos racistas, colonizados y burgueses. El destacado historiador Jorge Ibarra ha explicado:

…el mérito historiográfico principal de Walterio Carbonell radica en haber valorado el aporte del negro a la cultura y a la sociedad cubanas como un fenómeno social total, de acuerdo con la perspectiva de Georges Gurvitch acerca de este tipo de procesos. Hasta entonces, la historiografía burguesa había obviado o subvalorado la participación del negro en el quehacer historiográfico nacional.Solo Fernando Ortiz y Elías Entralgo, entre los estudiosos de primera línea, habían hecho justicia a los grupos étnicos preteridos.

Más que un abordaje riguroso a su objeto de reflexión, el libro de Walterio Carbonell, es uno de los testimonios más singulares e inquietantes de la historia intelectual cubana de la segunda mitad del siglo XX. Dialoga de otro modo con las polémicas culturales que entonces tenían lugar, por encima de diferencias políticas, trifulcas literarias y escaramuzas de grupos por alcanzar el poder cultural. Propuso un diálogo marxista sobre los fundamentos históricos de la nación, sus presupuestos racistas y su continuidad posible en el discurso ideológico de la Revolución cubana. Pero no tuvo respuesta y, con el paso de los años, un oscuro silencio selló sus páginas.


Publicado en Temas no 46, abril-junio 2006; disponible en:
http://afrocubaweb.com/News/Cuba/trianguloinvisible_zurbano.pdf

lunes, 9 de abril de 2007










Todavía tengo
El pedacito de madera de su ulurì
El pedacito de madera de su ulurì
Para sentir su falta
Para ponérmelo como aro.



Belkis Ayón
Cuba, Enero 23, 1967
Cuba, Septiembre 11, 1999

Maria Ileana Faguaga Iglesias

Cuba, Historiadora y etnóloga
Presentación de las obras:
Manual de Santería, Rómulo Lachatañeré
Cuentos negros de Cuba, Lydia Cabrera
Religión y arte yoruba, Pedro Pablo Aguilera

Dice un viejo proverbio yoruba: “Cuando no hay mayores en el pueblo reina la confusión” (Odu de Ifa, Baba Eyiogbe). De esa fuente nutricia, de la que bebemos como pueblo todos los cubanos –seamos o no afro descendientes, seamos o no afro religiosos, estemos o no conscientes de que nos sirve de alimento espiritual- hemos aprendido que: “La palabra salva. La palabra mata”. Porque como cubana afro descendiente, como afro religiosa y como estudiosa soy joven, aún, comienzo con un agradecimiento especial para el colega Tomás Robaina, estudioso reconocido de la temática afro cubana. Agradezco también a los organizadores de la Feria del Libro en San Antonio la invitación para esta presentación. Y, espero, que a través de la palabra, nos entendamos todos, lo cual sería, ya, un modo de salvarnos.

Incluso en la Era de las Comunicaciones, acompañada con todo el despliegue tecnológico y la influencia que este ejerce sobre el pensamiento y por tanto en el relacionamiento, los libros –en sus formatos tradicionales- continúan siendo vehículos de información, transmisión y generación de conocimientos, estímulos para el aprendizaje. La aparición de nuevos títulos y la reedición de muchos otros, hoy como ayer, continúan representando acontecimientos bienvenidos, esperados, reclamados.

La presentación esta mañana del Manual de Santería (Rómulo Lachatañeré), Cuentos negros de Cuba (Lydia Cabrera) y Religión y arte yoruba (Pedro Pablo Aguilera), es de esos acontecimientos esperados por quienes continuamos a la búsqueda de obras que, no por haber sido ya editadas, dejan de ser necesarias y útiles.

Sólo algunos elementos voy a referir, en aras del rápido contacto directo del lector con las obras, de las que puedan hacer sus propios análisis.

Primero: Existe una diferencia de contextos históricos entre la primera edición de las obras de Lydia Cabrera y de Rómulo Lachatañeré, y la publicación primera de la obra de Pedro Pablo Aguilera, lo que sin dudas se expresa en el tratamiento del tema. Cuentos negros de Cuba (1940), Manual de Santería (1942) y Religión y arte yoruba (1994). Tanto Los cuentos negros... como el Manuel de Santería son producciones intelectuales de la época del Negrismo y de la Negritud, cuando intelectuales y artistas occidentales “descubren” las potencialidades expresivas de las culturas afro; momento en el cual, desde los propios afro descendientes –biológicamente en unos casos, culturalmente en otros-, se expresa un discurso reivindicativo de sus orígenes étnicos. Época en la cual, en el espacio afro americano –percibido como continente-, la experiencia artística e intelectual en sentido general que asume como motivo argumental el mundo cultural afro, sustituye en unos casos y en otros comienza a convivir con las expresiones artísticas e intelectuales indigenistas. Se sitúan las obras de Lydia y de Rómulo, como las de Fernando Ortiz e Isaac Barreal, entre otros, en la avanzada de los estudios afro cubanos en particular, y de los estudios etnológicos y antropológicos en general, en el mundo intelectual cubano. Religión y arte yoruba, en cambio, es el resultado de la producción intelectual de los ’90, en cuyo contexto se expresa una voluntad explícita de superación de la etapa ateísta, que nos impuso lo religioso como tabú, y que, en el menos malo de los casos, impuso un tratamiento tendiente a la folklorización del tema afro religioso. Fueron / son los años en que tanto la realidad sociológica nacional, que nos expresaba / nos expresa la importancia del factor religioso entre los cubanos –con independencia del origen étnico, el color epitelial y el nivel de instrucción-, como el arte que, en sus diferentes manifestaciones, comienza a reflejarlo, retan a la academia a reevaluar sus posiciones, percibiendo la necesidad no sólo de dar continuidad a los estudios de los precursores –entre estos Lydia y Rómulo-, sino de incorporar nuevas aristas y otras herramientas al estudio de una realidad cubana que, como en el resto del mundo, se torna cada vez más compleja y desafiante. Con las herramientas del marxismo, Pedro Pablo Aguilera se enfrenta al tema y procura sistematizarnos un conocimiento del cual continuamos hoy sintiendo avidez.

Segundo: Los ’80 se nos revelan como el punto de partida de lo que luego pudiéramos considerar eclosión en la producción intelectual y artística respecto al interés por el tema religioso en general y afro religioso en particular. Etapa esta que se enmarca en la superación global del pensamiento ortodoxamente racionalista que auguró –puede que con buenas intenciones pero desacertadamente- el fin de la importancia del factor religioso. La humanidad inició desde entonces una etapa que entre sus elementos distintivos tiene la búsqueda de espiritualidad, también por la vía de lo religioso, y en ese camino se inserta la revitalización, revalorización, y en ocasiones además la renovación de las religiones tradicionales o ancestrales, entre las que se cuentan las religiones originarias africanas, como el yoruba culto a los orishas, y las afro religiones, como la santería cubana, por mencionar únicamente dos ejemplos. Son los ’80 el punto de partida de toda una labor editorial en Cuba dirigida a la publicación de obras que reflejan esta realidad. Reediciones de títulos y la aparición de otros, artículos publicados en diferentes revistas, nuevas colecciones dedicadas a la temática cultural / religiosa afro, publicaciones domésticas o artesanales como aquellas que realizan los propios religiosos, junto a la creación de sitios en internet dedicados a la temática, y a seminarios, talleres, conferencias, etc. procuran llenar un espacio necesario en el conocimiento y profundización de este tema.

Tercero: Destacable, en la últimas décadas, es el hecho de que, junto a los artistas e intelectuales, los propios afro religiosos emprenden cada vez con más ímpetu el estudio de sus religiones y, no sin reticencias –no del todo vencidas- comienzan a ganar el respeto de la academia, que en el 2004 confirió el Premio de la Crítica entre las Mejores Obras Científico-Técnicas Publicadas a, Ifá: Santa Palabra. La ética del corazón, obra del babalawo cubano (blanco) Adrián de Souza Hernández (2003. Ediciones Unión. La Habana, Cuba.). Las obras en circulación siempre resultan insuficientes en proporción a la cantidad de interesados en adquirirlas. Editoriales extranjeras se interesan por editar y reeditar la producción cubana sobre el tema. Deja de ser posible identificar con facilidad los nombres de los estudiosos cubanos de la temática pues, afortunadamente, cada día somos más, y convivimos e interactuamos diferentes generaciones de estudiosos en un proceso cuyos resultados parciales, dada la variedad de disciplinas y de perspectivas en el análisis, pueden ser enriquecedores. Conviven las obras de Ortiz, Lydia, Rómulo, Barreal,... con las de las de Nicolás Guillén y Marcelino Arozarena,... se incorpora la generación de Tomás Robaina, Rogelio Martínez Furé, Miguel Barnet, Nancy Morejón, Mirta Fernández, Tato Quiñónez, Eugenio Hernández (Premio Nacional de Teatro 2004)... y, paralelamente, desarrollan sus obras Julio Corbea, Ramón Torres, Ismael González, Julio Moracén, Rito Aroche y Teresa Cárdenas (Premio Casa de las Américas 2004, en literatura para niños)... Se incorporan ya, válganos Dios, las siguientes generaciones, hilvanando la madeja, más que de renovación, de constancia en el transitar por el sendero de los estudios sobre los afro cubano.

“El tiempo y las cosas no permanecen inalterables”, sentencia la sabiduría yoruba (Ifa Baba Idi Meyi). Hace apenas unas décadas, el legado cultural afro cubano era ampliamente considerado “cosas de negros”, y los practicantes de las afro religiones eran relegados, minimizados, satanizados. No ha llegado el fin de esa historia, pero iniciamos el principio del fin.

Actualmente, la Letra del Año de los babalawos cubanos es divulgada por la radio nacional; el recién fallecido cantante cubano Lázaro Ross, intérprete por excelencia de los cantos y rezos yoruba, dejó un amplio registro de grabaciones como legado a nuestra cultura y fue condecorado con la Orden por la Cultura Nacional; en el paseo del Prado, frente al antiguo Capitolio cubano, sede del Congreso republicano, hoy se yergue la (controvertida) Sociedad Cultural Yoruba de Cuba, con una sala museo dedicada a los orishas; por toda la Isla encontramos centros de investigaciones dedicados al estudio y divulgación de las culturas de origen africano y a su interrelación con otros componentes culturales de la sociedad cubana.

Falta. Falta mucho por hacer. Sólo la constante inconformidad nos hace a los humanos crecernos. Vale tener presente en el proceso de crecimiento las enseñanzas que nos legaron los abuelos africanos. De ese caudal, inagotable, y, renovable, tanto desde las experiencias africanas como desde las experiencias afro cubanas, un joven poeta mestizo cubano, Frank Upierre, bebió para su poemario Tablero de Ifá. (1994. Ediciones Extramuros. La Habana, Cuba. Pág. 37.), y nos advierte: Orula afirma: / No temas al viento fuerte. / Árbol duro / y su raíz no quebranta / duro aguanta / aunque lo sople la muerte... El Tablero de Ifá de Upierre, como la filosofía concentrada en los odun de Ifá por los cuales rigen éticamente sus vidas tantos cubanos y cubanas de hoy, nos indica que, esta, también, es nuestra herencia de fortaleza, y que no quedó limitada a las ramas del árbol del cual brota la identidad nacional cubana –como suponen algunos-, sino que enraizó con la fuerza y el vigor de las raíces del baobad africano que, en este nuestro espacio afro caribeño, hemos sustituido con la frondosa y acogedora ceiba. (jueves, 17 de febrero de 20)

Marzo de 2005