jueves, 26 de abril de 2007

"UN PEQUENO LUGAR":REFLEXIONES SOBRE UN LIBRO DE JAMAICA KINCAID

[JULIO MORACEN]


Jamaica Kincaid nació en Antigua en 1949 y vive en los Estados Unidos. En mi último viaje a Italia encontré en un depósito de libros usados “Un pequeño lugar”(1), un librito de su autoría de 80 páginas, un ensayo o una “lamentación de grande fuerza” según Salman Rushdie. Por lo que me llama la atención este ensayo llegó a mi vida en un momento de reflexión, una vez más interrogándome sobre conceptos como imperialismo, colonialismo, creolidad,(2) y una vez más observando mi experiencia de cubano unirse a la de pesquisador convocado a realizar un distanciamiento emocional, cuando se trata de mi propia historia y de mi propia identidad.

En esta dirección Jamaica Kincaid representa la afirmación de un pensamiento divergente, aquel que sorprende al lector, distanciándose respecto al pensamiento reafirmado y reiterado que aparece continuamente como referencial banal, tautologicamente académico.

He querido releer el ensayo de Kincaid, reelaborando una síntesis estructuralmente racional, dejando que hable por si mismo el texto original.

Antigua es el pequeño lugar del que nos habla Kincaid; realmente toda isla es un pequeño lugar, por lo menos toda isla del tercer mundo, de las Antillas. ¿Podríamos decir que Capri, no más grande que Antigua es un pequeño lugar?

También Cuba es pequeña, un bello paisaje con una única ciudad, La Habana, y un “solo pueblo” acostumbrado a pensar que en el Caribe son un único depliant turístico con pocas variaciones.

Después del colonialismo histórico, que llegó al nuevo mundo para organizar con la ayuda de las naves negreras una economía de rapiña, está el colonialismo más reciente, aquel que viene incentivado con la organización de un turismo masificado, a menos que el estado de vivencia de los pequeños lugares no haya sobrepasado los límites de la tolerancia, aquellos que los tour-operadores indican como “limites de seguridad” para el viajante/turista ( Haití, por ejemplo, después de los anos '60 lo ha superado, no tanto como lugar violento sino como un país pobre, no tolerable ni para vacacionar, por lo tanto inexistente en el mundo turístico).

Siguiendo a Jamaica Kincaid como guía en nuestro viaje caribeño observamos:

la aduana donde el turista entra sin sufrir la humillación que sufriría un latino-caribeño-africano-tercermundista en la Comunidad Económica Europea, Estados Unidos o Japón; el taxi conducido peligrosamente, las calles rotas, construcciones cayendo etc, son cosas ignoradas por el turista, observar y pensar resulta disonante respecto a toda la aburrida rutina que quiere olvidar ante el sueño prometido y prepagado, por lo que el mar y la comida resultan estupefacientes siempre que el no se coloque y no le coloquen preguntas.

“lo que tu siempre sospechaste de ti en el momento que llegarías a ser un turista es verdad, un turista es una persona desagradable[…]como turista te conviertes en una persona tendida sobre cualquier lejana playa, un cuerpo inmóvil; te maravillas de la armonía y la comunión que allí se tiene de la naturaleza (la palabra que usarías en tu país seria subdesarrollo ); no te aflora ni menos el pensamiento que detrás de la puerta cerrada rían de ti por cuanto eres extraño[…]allí eres tu el diferente, tu a ellos no le gustas, ni tampoco lo puedes pensar, inclusive te sientes un poco incomodo, inclusive te sientes un poco estupido, inclusive te sientes un poco fuera de lugar. Es fatigoso ser turista, tendrás que descansar una vez llegado a tu ciudad. No es asombroso que el indígena no ame el turista: todo indígena, dondequiera que viva, lleva una vida de aplastante banalidad, aburrimiento y depresión, así que cuando los indígenas te miran a tì, el turista, te envidian, envidian la posibilidad que tienes de transformar su banalidad y su aburrimiento en una fuente de placer para ti…”

Por tanto la relación que transcurre entre indígena y turista es una relación de negación reciproca, el indígena niega al turista y viceversa, mientras, en equivalencia a la herencia colonialista histórica, se estratifica una forma de saudade retroactiva ( ¡¡ como era bella una vez la Isla!!), con una dolorosa contradicción, que también encontramos en la Kincaid, respecto a la cultura del colonizador, sus libros, su lengua con la cual ella misma expresa su propio odio, su rebelión, su utopía, sus proyectos. Así de un presente negado, se observa un futuro imposible en el que la opción del exilio es para muchos una fuga obligada.

La herencia política del colonialismo ha sido catastrófica: corrupción de los gobiernos, anulación de la oposición, la maldición de la tutela de padres salvadores que miran a los que gobiernan como niños incapaces de emancipación, y es verdad que a veces se tiene la impresión que los propios habitantes de las Islas (pequeños lugares) no poseen la capacidad de reflexionar sobre su propia historia para cambiar y progresar.

“La gente de las Islas no tiene la capacidad de ver la relación que existe entre su obsesión por la esclavitud y el hecho de ser gobernados por hombres corruptos, y no ven que estos hombres corruptos han vendido su propio país a extranjeros corruptos[…] pero el hecho de saber porqué la gente es como es, porqué hace lo que hace, porqué vive como vive, porqué las cosas que han sucedido han sucedido, ¿todo eso no podría llevar a la gente a una relación diferente con el mundo?,a una relación mas exigente, una relación en la que las personas no son victimas de cada mala idea que pasa a través de la mente humana[…]Miro a este lugar ,miro a esta gente y no sé si he sido creada por niños, eternos inocentes, o quizás por artistas en un mundo demasiado estùpido para comprenderlos, o por locos furiosos que han creado su propio manicomio, o una mezcla extraña de estas tres cosas…”

El colonialismo ha producido el Racismo, categorización que la autora presenta desde un ángulo insólito, como mala-educación, ignorancia de los conquistadores en la experiencia de las victimas.

“En la Isla había una directora de una escuela, de origen irlandés, que continuamente decía a los niños de no comportarse como monos que acaban de bajar de los árboles, nadie se puso a pensar que su comportamiento fuera “racismo”. Pensábamos que se trataba de mala- educación, de mezquindad, que era un comportamiento no cristiano, situado debajo de nuestros parámetros de humanidad, y nosotros nos sentíamos superiores porque éramos mucho más educados y delicados…”

Respecto al vulgar Capitalismo impuesto en muchos países caribeños, Jamaica Kincaid rechaza los discursos de análisis socioeconómicos, planteando su incompatibilidad con los derechos negados al pueblo, y quizás la afirmación de la autora podríamos extenderla a modelos económicos de diversa ideología, como Cuba.

“La gente como yo nunca será capaz de comprender el concepto de producto nacional bruto, la gente como yo nunca seria capaz de gestionar las cosas como ustedes, sus leyes favorecen misteriosamente solamente a ustedes. ¿Saben porqué la gente como yo teme el Capitalismo? Porqué desde que lo conocemos no hemos sido sino Capital algo similar a sacos de algodón o de azúcar, y el recuerdo de todo eso es tan fuerte, la experiencia tan cercana que claramente no podemos asumir esa idea que a ustedes le parece tan importante…”

La expropiación del conocimiento de la propia historia, incluyendo una esclavitud reducida a memoria de parada, la prohibición del disfrute del propio territorio, consignado a los hoteles y a los clubes para turistas, a viejos y nuevos depredadores, componen una circulación infectada que envenena las relaciones entre grupos sociales.

¿Que podemos hacer con proclamas / manifiestos como Elogio a la Creolidad de Patrick Chamoiseau e Rene Confiant?

“La Creolidad es la aniquilación de la falsa universalidad, del monolingüismo y la pureza. En la Creolidad se encuentra aquello que se armoniza con el "diverso", la Creolidad es nuestra sopa primitiva, nuestra perpetuación, nuestro caos original y nuestra mangrovia de potencialidad. Dirigimos a ella nuestra atención, con nuestro equipaje de errores, empujados a la necesidad de aceptarnos como individuos complejos, porqué el principio mismo de nuestra identidad es la complejidad…

De la Creolidad nosotros tomamos solo la profundidad y el conocimiento poético [...] Para evitar cualquier limitación de su definición, hay que afrontar la creolidad, según nuestra opinión,"como una cuestión de vivir", de vivir obstinadamente bajo cada luz y cada sombra de nuestro espíritu. Cuestión de vivir significa ya enriquecerse de elementos que la respuesta no posee. Vivir la cuestión de la Creolidad, en libertad total y en constante vigilancia, significa penetrar en la extensidad desconocida de su respuesta…” (Manifiesto Elogio a la Creolidad)(3)

Si de la Creolidad el Caribe representa el más fascinante paradigma, en la extrema complejidad que se articula país por país, isla por isla, región por región de un mismo territorio nacional, en el encuentro con los nuevos colonizadores es preciso también asumir una cultura de resistencia que asume en Jamaica Kincaid la afirmación púdica y testaruda de respetar y alimentar nuestra esencia humana.

“Esta Isla es solo una pequeña Isla […] Antigua es un pequeño lugar, una Islita. Tiene alrededor de quinces kilómetros de largo y unos veinte kilómetros de ancho. Fue descubierta por Cristobal Colón en 1493. Después fue colonizada por excomulgados humanos provenientes de Europa que traficaban seres humanos provenientes de África, reducidos al esclavitud pero nobles y de extirpe ilustre (no existe duda que todos los dueños de cualquier genero son excomulgados, y todos los esclavos de cualquier genero son nobles y de extirpe ilustre), por satisfacer su deseo de poder, por redimir su propia existencia infeliz, por ser menos solos y vacíos: una enfermedad europea. Al final los dueños se han ido, al final los esclavos fueron liberados. Ahora la gente de Antigua, la gente que se considera para todos los efectos antiguana (la gente en quien pensaríamos rápidamente cuando pensaríamos en los antiguanos siempre que el pensamiento nos abriera la razón), desciende de aquellos seres nobles y de extirpe ilustre, los esclavos. Es verdad que cuando dejas de ser un dueño, cuando abandonas el juego del dueño, no eres más un excomulgado, eres solamente un ser humano, con todo aquello que posees. Igualmente para los esclavos. Cuando son hombres libres son solamente seres humanos.”

Para Kincaid, aquello que es representado como accidente de un proceso histórico – la esclavitud, el colonialismo – tiene resultados centrales en la formación de las mismas estructuras cognitivas y simbólicas del Occidente.

Vemos hoy un reconocimiento de las identidades que nace de la negación del Occidente como la única medida del mundo. Algo, todavía más: la percepción difusa que los límites epistemológicos de los paradigmas etnocéntricos europeos constituyan los confines enunciativos de una serie de otras historias y voces disonantes.

La identidad del hombre permanece polimorfa. Al homo faber e economicus, al que atribuimos los progresos de civilización en nombre de un principio de realidad y de utilidad, se acompaña el homo ludens, sensible al principio de la dilapidación y de la ganancia. Y es esta componente lúdica y estética, heredera de historias y culturas extintas, con sus sobrevivientes en nichos de resistencias como las pequeñas islas permeadas de tradiciones e interacciones con el mundo occidental globalizado.

la complejidad que trae hoy de globalización, como el peor de los males, de diferentes puntos de vista lo es; ella arrastra consigo un desafío, el delinearse de un universo incierto que no es solamente el síntoma de una crisis sino la indicación de una profundización de la aventura del conocimiento, donde las respuestas posibles a los problemas que se ponen deben tomar en cuenta el máximo nivel de incertidumbre dentro de la red de todas las problemáticas, tecnológicas, científicas, epistemológicas, filosóficas, antropológicas. Sino correrán el riesgo de ser reductivas y autoritarias.

Estoy convencido que “Un pequeño lugar” de Jamaica Kincaid va en esta dirección y su contribución no es efímera.

BIBLIOGRAFIA

BENITEZ ROJO, Antonio - La Isla que se repite, Editorial Casiopea, Barcelona,1998.

BERNABE' Jean, CHAMOISEAU Patrick, CONFIANT Rafhael - Elogio della Creolità : Eloge de la Creolitè, ed. Ibis, Como-Pavia, 1999.

BOCCHI, Gianluca, CERUTI, Mario(curadores) -La sfida della complessità, Feltrinelli editore, Milano,1985.

STRAFFORD REID, Victor - "Identidad cultural del Caribe" In: Rev. Casa de las Américas, 119 La Habana, 1980.

KINCAID, Jamaica - Un posto piccolo, Adelphi Edizioni s.p.a, Milano, 2000.

Nota

Mangrovia: Planta tropical con fuertes raíces

1 El titulo original en ingles es "A Small Place" Published by arrangement with Farrar,Straus&GirouxInc.,New York,1988.

2 Este concepto lo diferenciamos de la Creolizaciòn-Mestizaje.

3 Las partes del Manifiesto fueron traducidas por mi.

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